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Fiscalía estima que falsa doctora dejó ciego a niño Recetó a niño que sufría de dolores en los ojos tras bañarse en piscina familiarMujer está acusada de ejercicio ilegal de la profesión y lesiones graves Nicolás Aguilar R. naguilar@nacion.com Un niño de 10 años estuvo en coma durante 28 días y quedó ciego hace cinco años, tras ingerir medicamentos recetados por una mujer quien se hacía pasar por médica en Siquirres. Esa es una de las presunciones de la Fiscalía para llevar a juicio a la dependiente de una farmacia, de apellido Méndez, por los delitos de ejercicio ilegal de la profesión y lesiones gravísimas.
El Ministerio Público cree que fue ella quien prescribió medicinas, en al menos dos oportunidades, a César Mena Ávila, quien presentaba un problema de irritación en los ojos luego de bañarse en la piscina de su casa, junto con otros niños. El estado de salud del menor empeoró repentina y aceleradamente poco tiempo después y tuvo que ser trasladado de emergencia al Hospital Nacional de Niños. Allí ingresó en condición crítica, según el relato de sus padres, Arnoldo Mena Flores y Rosa Ávila Cerdas. En coma y ciego. "Mi hijo era un niño normal, alegre, juguetón, saludable. Fue algo terrible porque de pronto lo teníamos en la cama de un hospital, en estado de coma, y los médicos nos dijeron que podía morir en cualquier momento, que nos resignáramos", recordó Mena.
El pequeño permaneció durante 28 días inconsciente debido a una enfermedad conocida como "Síndrome de Lyell", posiblemente causada, según expertos, por la ingesta de fármacos. Ese mal causa una severa erupción de ampollas en la piel, en las membranas mucosas, así como elevada fiebre, malestar general, y a menudo es letal entre niños de corta edad, aseguró el padre del menor. En el caso de César, el padecimiento se extendió a los ojos y, pese a las atenciones médicas, que incluyeron 15 operaciones, quedó ciego. El daño podría ser irreversible. "Mi hijo se empezó a hinchar y le salieron bombitas por todo el cuerpo. Una de mis hijas lo llevó de nuevo a la farmacia y la mujer que decía ser doctora dijo que el chiquito se recuperaría, que le diéramos tiempo. Eso nunca pasó, allí empezó esta pesadilla", comentó la madre del menor. El juicio contra Méndez estaba previsto para el jueves anterior pero se suspendió porque César debía recibir tratamiento médico ese día en San José. El debate será reprogramado próximamente. La situación del menor no solo cambió radicalmente su vida, sino también la de sus padres, quienes gastaron todos los ahorros familiares para comprar costosas medicinas que la CCSS no tiene. Además contactaron a especialistas de Estados Unidos, Venezuela, Rusia y España en un intento desesperado por devolverle la vista, pero todo fue en vano. Tras varios tratamientos, tuvieron que extraerle el ojo izquierdo para evitar que una infección se le extendiera hasta el cerebro. Una esperanza. "Nos queda un ojito y la esperanza de que muy pronto aparezcan nuevas tecnologías para devolver aunque sea algo de vista", afirmó el padre. "Nadie puede estar preparado para enfrentar una tragedia como esta. Nuestra vida cambió, se sumergió de repente en la más terrible de las tristezas", añadió. El cambio fue radical. "Tuvimos que dejar el hijo que teníamos para adoptar un hijo nuevo", recordó su madre. Al igual que sus padres, César nunca se ha rendido y, pese a su limitación física, aprendió el código Braille. Cursa noveno año en el Colegio Rubén Odio, en Desamparados, donde destaca por sus altas calificaciones. "Mi hijo tiene agallas. Quiere ser un ciudadano respetado, un profesional que aportará cosas buenas y logrará todas sus metas", afirma con orgullo su mamá quien lo apoya a toda hora. colaboró Laura Iglesias.
'Todos caemos pero nos tenemos que levantar' Nicolás Aguilar R. naguilar@nacion.com Su vida cambió radicalmente hace cinco años cuando quedó ciego tras permanecer casi un mes en coma y al borde de la muerte. Era muy niño pero, apoyado por sus padres y hermanos, asumió la situación como un reto y prometió no rendirse jamás. Hoy tiene 15 años y, pese a ocasionales tropiezos, se mueve por toda la casa. En ocasiones viaja solo al colegio y regresa sin necesidad de ayuda. "Quiero ser una persona útil para la sociedad y mi país. No puedo quedarme ahí sentado viendo pasar el mundo", afirma. César tiene muy claras sus metas. Desea convertirse en psicólogo para "ayudar a quienes no encuentran en la vida una razón para continuar adelante". Con esa profesión, según dice, ayudará a personas con alguna discapacidad que no encuentran el rumbo y se pierden entre "lamentaciones y frustraciones". "Lo tengo claro. No debo estar nunca sentado en un mismo lugar, debo seguir adelante, cumplir mis metas, luchar como todos para ser mejor a cada momento. Yo debo superarme, lograr mis metas", insiste. El adolescente es uno de los mejores promedios del colegio Rubén Odio, en Desamparados, donde cursa noveno año. "Mire, todos nos caemos alguna vez pero tenemos que levantarnos. Si yo me levanto, cualquier otra persona puede hacerlo, es cuestión de poner solo un poco de empeño", comenta César. No le teme a nada porque afirma que, "cuando algo malo pasa siempre vendrá algo muy bueno después. Nadie gana echándose a morir, la vida debe seguir..."
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