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Lecciones del Mundial de Fútbol

El libre desplazamiento mejora la calidad, aprovechada por las selecciones nacionales

Branko Milanovic


Branko Milanovic es economista de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. Copyright: Project Syndicate, 2006. www.project-syndicate.org Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

El Mundial de Fútbol de este año ha demostrado una vez más que este es el deporte más popular del mundo; también ha demostrado que posiblemente también sea la más globalizada de las profesiones. Es inconcebible que médicos, especialistas en informática, obreros industriales o cajeros de bancos de Brasil, Camerún o Japón pudieran mudarse de país en país con la facilidad con que lo hacen los futbolistas brasileños, cameruneses o japoneses.

De hecho, el club de fútbol Arsenal, de Londres, está compuesto íntegramente por extranjeros, incluido su entrenador francés. Hasta la función de capitán del equipo ya no se reserva más para jugadores locales: Thierry Henry, francés, es el capitán de Arsenal; Andriy Shevchenko, ucraniano, fue a menudo capitán del AC Milan y jugará el año próximo para el campeón de la liga inglesa, Chelsea, y Cristiano Zanetti, argentino, es el capitán del Inter de Milán. De manera similar, decenas de sudamericanos y africanos juegan en las ligas rusa, turca, polaca y en varias del sudeste europeo.

Así es como el fútbol nos ofrece un vistazo de cómo funcionaría la verdadera globalización del trabajo. En el fútbol, como en otras ocupaciones, las restricciones a la movilidad de la mano de obra provienen en su totalidad del lado de la demanda. Salvo en los países comunistas, nunca se impuso límite alguno a los desplazamientos de los jugadores.

Sin embargo, el lado de la demanda estaba fuertemente regulado por una norma que imponía que los clubes no podían tener más de dos jugadores extranjeros en el campo por partido.

La decisión Bosman, llamada así por un jugador belga que impugnó con éxito la aplicación de la reglamentación a los jugadores de otros países de la Unión Europea, socavó ese límite, y este terminó de derrumbarse ante la embestida de los clubes europeos más ricos, que exigían la libertad de contratar a los mejores jugadores dondequiera que se encontraran.

Concentración de calidad. Así, allí donde la globalización y la plena comercialización reinen sin contendores, se produce una concentración de calidad y éxito que no deja lugar a dudas. Piénsese en la cantidad de clubes que se han clasificado para las ocho posiciones superiores de la Liga Europea de Campeones.

Si analizamos los períodos quinquenales entre 1967 y 1986, el número de equipos diferentes clasificados para los cuartos de final oscilaba entre 28 y 30. Sin embargo, en los dos quinquenios siguientes la cifra cayó a 26, y en el más reciente (2000-2004), solo fueron 21. La conclusión es simple: cada vez menos clubes llegan a ingresar a la élite europea.

Las ligas nacionales son similares. Desde que comenzó la liga Premier inglesa, en 1992, en solo una ocasión el campeonato no fue ganado por Manchester United, Arsenal o el Chelsea. En Italia, todos los campeonatos Serie A salvo dos desde 1991 los han ganado o bien el Juventus o el AC Milan. En España, desde 1985 todos los campeonatos menos tres los han ganado el Real Madrid o el Barcelona.

El motivo de esta concentración en la cima es obvio: los clubes más ricos ahora pueden atraer a los mejores jugadores del mundo.

Puede decirse que esto se ha visto acompañado por una mejora de la calidad del juego en sí, gracias a lo que los economistas denominan "rendimientos crecientes a escala". Cuando los mejores futbolistas juegan juntos, la calidad de cada uno de ellos y del equipo en su conjunto aumenta exponencialmente. Cuando Ronaldinho y Messi, o Kaka y Shevchenko, juegan juntos, su "rendimiento" combinado (la cantidad de goles) es mayor que la suma de los goles que cada uno haría si jugara en otro club con menos compañeros talentosos en el equipo.

La libre movilidad de la mano de obra en otras áreas posiblemente produciría el mismo efecto. Si los médicos, especialistas en informática o ingenieros (¡ni hablar de los famosos plomeros polacos!) tuvieran la libertad de desplazarse a voluntad, sería muy probable que aumentara la concentración de talento en los países más ricos.

La desigualdad en la distribución de talento entre los países aumentaría, aún en caso de mejoras en la producción total de bienes y servicios y en su calidad promedio, tal como ocurre hoy con el fútbol. Los países más pobres o más pequeños no pueden ni soñar con ganar un campeonato europeo, como alguna vez lo hicieron el Steaua (Rumania), el Estrella Roja (Serbia), o el Nottingham Forest (que languidece hoy en la tercera división inglesa).

Pero, si bien vemos desigualdad y exclusión en el fútbol al nivel de clubes, en las competencias entre equipos nacionales se ve lo opuesto. El margen de ventaja promedio entre los ocho equipos nacionales mejor posicionados en los campeonatos mundiales ha disminuido, desde más de dos goles en la década de 1950, aproximadamente a 1,5 goles en los años 60, 70 y 80, y a solo 0,88 gol en el Mundial del 2002.

Dos razones básicas. Es lo mismo para todos los partidos que se juegan en el torneo final, no solo aquellos entre los ocho equipos nacionales superiores. La disminución de los márgenes de ventaja es más impresionante porque la Copa del Mundo ha crecido de 16 a 32 equipos nacionales, muchos de los cuales son nuevos y más bien inexpertos. Es notable el que las potencias futbolísticas tradicionales no los vapulean. Por el contrario, los ocho equipos de élite de los últimos cuatro Mundiales incluyeron a dos "recién llegados" que jamás habían estado en cuartos de final, como Turquía y Corea del Sur en el 2002.

Nuevamente hay dos razones que explican esto. Primero, el libre desplazamiento ha implicado que los buenos jugadores de las ligas pequeñas progresan mucho más que si se hubieran quedado en casa. Un buen jugador danés o búlgaro mejora mucho más rápido si se une al Manchester United o al Barcelona.

Segundo, esa mejora en la calidad fue aprovechada por los equipos nacionales que clasifican para el Campeonato Mundial gracias a la reglamentación de la FIFA que exige que los jugadores sólo jueguen en su equipo nacional. Eto'o puede jugar para cualquier club español, italiano o inglés, pero en las competencias nacionales solo puede hacerlo por Camerún.

En otras palabras, la FIFA ha introducido una regla institucional que permite que los países pequeños (en el sentido futbolístico) capten parte de los beneficios del actual juego de alta calidad, y reviertan así parcialmente la "fuga de piernas".

La misma regla se podría aplicar a otras actividades. El libre desplazamiento de la mano de obra especializada podría estar acompañado por requisitos internacionales vinculantes de que los inmigrantes de países pobres pasen; por ejemplo, un año cada cinco trabajando en sus países de origen. Llevarían a casa las habilidades, la tecnología y las conexiones que son tan valiosas como las habilidades que Eto'o, Essien o Messi llevan a Camerún, Ghana o Argentina.

La localización del trabajo seguiría siendo problema, pero el principio es claro: el mundo debe aprender de la Copa Mundial.

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