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Ojo crítico Rodolfo Cerdas Hizo muy bien el presidente Arias en rechazar los intentos de comprometer a Costa Rica en un pseudorrelanzamiento del Parlacen. Este adefesio institucional representa dos cosas: primero, un negocio de una decadente clase política centroamericana, maleada por los privilegios, corrupta por el poder y urgida por conservar su jugoso botín político; y, segundo, un error de la Unión Europea, que con la mejor buena fe, pero con la peor ceguera, ha insistido en apoyar esa caricatura de su modelo de integración. La respuesta del Presidente fue como debía ser. Dijo no porque el Parlacen, además de inútil, caro y refugio de corruptos, no es tema que aquí interese debatir. Con esto, don Óscar ha señalado bien la ruta futura de nuestra política exterior. Las reformas propuestas parecen ser una burda trampa diplomática, de las que Costa Rica está acostumbrada a escapar a lo largo de su historia. En ellas no se aborda ninguno de los problemas que hacen al Parlamento inútil, inoperante y hasta dañino; pero, además, son inaceptables: harían vinculantes sus acuerdos, podrían aprobar la libre circulación de personas, decidir lo referente a la unión aduanera y -lo más peligroso- abordar y resolver los temas limítrofes. Con esto último el Parlacen asumiría una competencia que hoy, sabiamente, el país mantiene alejada de los vaivenes políticos regionales y depositada en la Corte Internacional de Justicia de la Haya, que es donde debe estar. Cambiarla por la del Parlacen, donde decidirían los votos de unos oscuros diputados de gollería, impunidad y privilegio, solo sería muestra de estulticia. Hay otra cuestión, tanto o más importante aún, que debe preocupar al gobierno de don Óscar. Es que, al margen de la institucionalidad del SICA y los acuerdos de seguridad regional, los Estados Mayores de los Ejércitos centroamericanos crearon, por sí y ante sí, una entidad coordinadora que no rinde cuentas, ni está subordinada a ningún control ni autoridad civil. Este peligroso engendro, nacido de unas espadas sin oficio y unos políticos tras canonjías, ahora aupado por los malos aires que llegan del Pentágono, está creando una fuerza armada regional, de acción rápida, supuestamente en pro de la paz y la seguridad de Centroamérica, cuando más bien hay que asegurarla primero contra tales ejércitos. Con un México que Dios dirá, una Sudamérica en inquietud y el istmo con una paz social en coma, este no de don Óscar a la hipócrita retórica unionista es una defensa auténtica del interés nacional.
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