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La amenaza norcoreana De nuevo la tiranía de Kim Jong-Il plantea una amenaza a la paz mundialHay que rechazar su chantaje militar con una reacción rápida y firme El régimen de Corea del Norte, uno de los más sanguinarios y oscurantistas del mundo, ha lanzado un nuevo y serio desafío a la comunidad internacional, frente al que se impone una reacción rápida, enérgica y concertada. De lo contrario, simplemente se estaría abonando el camino para iniciativas aún más peligrosas del enigmático tirano Kim Jong-Il. El desplante se produjo el martes, con los lanzamientos de prueba de una serie de misiles de distinto alcance, uno de los cuales, llamado Taepodong-2, podría ser capaz de llegar tanto hasta las costas pacíficas de Estados Unidos y Canadá, como hasta Europa occidental. Que el proyectil se estrellara apenas 40 segundos tras su lanzamiento, en el mar de Japón es un evidente fracaso tecnológico, pero no constituye motivo de tranquilidad. Los norcoreanos han anunciado nuevos lanzamientos y tienen un largo historial de armamentismo, actitudes agresivas y violación a las normas más elementales de la convivencia internacional.
En el 2003, Norcorea se retiró del Tratado de no Proliferación Nuclear (TNPN) y aceleró la construcción de armamentos atómicos. Meses antes, Estados Unidos había detectado y denunciado la reactivación de su programa de enriquecimiento de uranio. Tras múltiples tensiones, se inició entonces un proceso de negociaciones estimulado por China para buscar una salida diplomática al grave desafío. A la iniciativa también se incorporaron las dos Coreas, Estados Unidos, Japón y Rusia. En setiembre del pasado año se llegó a un acuerdo, en principio, para que el régimen de Kim Jong-Il abandonara el componente militar de su programa nuclear, se reincorporara al TNPN y permitiera la inspección de Naciones Unidas. A cambio, los participantes se comprometieron a respetar la integridad del país y a proporcionarle, "a su debido tiempo", reactores de uso estrictamente civil. La esperanza de entonces, sin embargo, se esfumó muy pronto por la intransigencia norcoreana, y hoy el mundo se encuentra frente a una nueva crisis. Las implicaciones de este acto son muy graves. En primer lugar, constituye una amenaza y provocación generalizada, que afecta directamente a sus vecinos más cercanos, en especial Corea del Sur y Japón. Por algo el Gobierno de Tokio, con el coauspicio de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, presentó una fuerte moción de censura y solicitud de sanciones ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Por desgracia, China está en contra y Rusia tiene una posición ambivalente, lo cual dificultará cualquier acción realmente importante en ese organismo. Por otro lado, las amenazas previas, a la que ahora se suma esta, ya han incentivado un mayor gasto en armamentos entre los países del sur y este de Asia, a lo cual también ha contribuido la creciente inquietud por el poderío militar chino. Pero, de todas las implicaciones de la conducta norcoreana, la que más indigna es que, mientras su régimen gasta miles de millones de dólares en injustificadas aventuras bélicas, su pueblo, literalmente, se muere de hambre. Se estima que, a mediados de la pasada década, alrededor de dos millones de súbditos de Kim Jong-Il murieron como consecuencia de hambrunas. Si muchos más no han fallecido posteriormente se debe a los programas de ayuda internacional, a los cuales, sin embargo, las autoridades han impuesto importantes limitaciones. Todos estos elementos indican que el mundo enfrenta un régimen no solo cruel, amenazante y sin sentido de compasión, sino también irracional, lo cual torna aún más peligrosas sus acciones. De aquí la importancia de actuar con concertación, rapidez y energía, y de no ceder ante el chantaje del dictador.
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