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Mundial: El Paul Newman de la azzurra Está a las puertas de ser el tercer técnico en darle a Italia un MundialEstudioso y motivador, nunca dirigió fuera de las fronteras italianas Arnoldo Rivera J. arivera@nacion.com Afirman los italianos que Marcello Lippi tiene un aire que recuerda a Paul Newman. Bien mirado, la verdad es que sí. La semejanza es más notoria si se le compara con el papel que interpretó el ahora octogenario actor en Ausencia de malicia (1981). Primero, en aquel entonces Newman tenía una edad similar (56 años) a la de Lippi (58). Segundo, Mike Gallagher, el personaje a quien daba vida el actor, sabía poner las cosas en el punto que le convenía con precisión de cirujano; como hizo el técnico ante Alemania, el martes anterior. Y en este punto, el paralelismo con Newman cobra vigencia plena porque resalta la primera cualidad del técnico italiano. Lippi es un estudioso del rival, al que llega a conocer como si fuera su propio equipo. Lo único que le faltaría es entrenarlo personalmente. "Antes de la era de Lippi nunca habíamos llegado a los partidos tan preparados", comenta el volante Andrea Pirlo. No se llame a engaño: el hecho de que sea un estudioso y enamorado de la táctica no lo hace un rígido entrenador, atado a esquemas y flechas. Todo lo contrario. El juego del martes pasado viene en auxilio de la anterior afirmación: Italia terminó ante Alemania con cuatro delanteros, algo que pocos se imaginaban en la azzurra. Y ese carácter de no hacerse "rollos" lo sacó a flote ayer, cuando un periodista inglés le hizo una pregunta, en inglés, acerca del grado de verdad de que su futuro está en el Manchester United. "¡Cómo voy a trabajar ahí si no hablo inglés!", respondió Lippi, quien esperó la traducción antes de responder en italiano. Ojo al dato: el entrenador nunca dirigió fuera de su país, y parece que no tiene interés en hacerlo. Producto casero. El sello de Made in Italy lo forjó más allá del banco. En su época de jugador no pasó de la Sampdoria -era central- y apenas jugó dos partidos con la selección sub-23. Y pare de contar. El salto vino después, tras empezar con las menores de la Samp y una serie de equipos que solo un ferviente tifoso del calcio podría conocer. Ahí aprendió el oficio. Cuando llevó al Nápoles -que había regresado a la modestia de la época "pre-Maradona"- a la Copa de la UEFA se reveló como un técnico diferente y con "ángel". La Juventus lo fichó y fue entonces que el "Paul Newman con anteojos" despegó. Ganó todo y se marchó porque todo se acaba en la vida; fue al Inter y de ahí salió frustrado y la Juve lo acogió de nuevo. Se colgó dos nuevos títulos y emprendió, el 25 de junio del 2004, la gran aventura de dirigir a una Italia deprimida por los batacazos del Mundial 2002 y la Euro 2004. Hoy es indiscutible que la moral de los azzurri está a prueba de bombas: el escándalo que sacude al futbol italiano no hizo mella en los ánimos de sus jugadores. Motivador por excelencia, la circunstancia la convirtió en el "enemigo externo" que a veces los equipos necesitan para unificarse y dar lo mejor de sí. En Italia el futbol es religión y el técnico azzurro el pontífice. Si hoy gana el Mundial integrará el Olimpo donde solo están Vittorio Pozzo y Enzo Bearzot. Y superará a Paul Newman.
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