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Al Grano Édgar Espinoza edgarespinoza@costarricense.cr Si bien reniego del consumismo actual, admito que su poder de atracción a ratos me convierte también en su víctima. Mi fórmula secreta para resistirme a sus falsos brillos siempre ha sido hacerme dos preguntas: ¿Quiero el producto, o lo necesito? Si la respuesta es ¡lo necesito!, entonces me repregunto: pero ¿de verdad lo necesito? Este sistema me ha ahorrado mi buenos cincos. No obstante, es tal la inventiva moderna para engancharlo y venderle a uno que a veces no puede sustraerse a la oferta, tan abundante como curiosa, de las últimas novedades tecnológicas del mercado. Novedades que, mientras no las vea, no las ocupa, pero, si las ve, las quiere, y cuyo universo va desde jaboneras con radio hasta radares caseros para hallar objetos domésticos perdidos, pasando por relojes de pulsera con el movimiento de las estrellas y a prueba de agua hasta 200 metros de profundidad. Y así, explorando en los malls, me acabo de encontrar algo interesante para esta época de clima bochornoso: un sombrero con aire acondicionado. Tomando en cuenta que por este tiempo los rayos de sol nos caen casi perpendiculares sobre la cabeza, y que una cabeza caliente no piensa, ese sombrero es una buena opción con su motor y paneles solares para refrescarla sin enfriarla mucho, pues, igualmente, una cabeza fría tampoco funciona, con la ventaja de que, si se va el sol, un par de baterías AA lo sustituyen satisfactoriamente. Mi única duda, empero, es si hay tormenta: ¿traerá pararrayos? También me llamó la atención un basurero con ojo electrónico cuya tapa se abre o cierra según uno se acerque o aleje. Higiénicamente es perfecto, tanto así que, cuando uno va a botar ciertas cosas más sospechosas de la cuenta, se arriesga a que el ojo ese se vuelva tuerto y la tapa no se active, o bien -todavía peor- que pase uno sin basura y aquella se abra de par en par. Y no por lo "tuyú" de su nombre, me fascinó también el Silent Night Snore Stopped, que, en sencillo, es un aparato para no roncar. Se trata de una pulsera con micrófono que al detectar lo feo que uno hace mientras duerme, desde gorgoritos hasta bramidos con final de silbato, lo despierta con más gentileza que la esposa, o sea, sin lanzar zapatos, ni controles remotos, ni llaves francesas, ni blasfemias. Pero lo más incendiario de esas genialidades tecnológicas fueron, sin duda, unos asientos y tapas de inodoro decorados, no sé si en alusión a la actividad propia de este, con dragones chinos a todo fuego y de gran éxito comercial. Así las cosas, ¿cómo no me voy a hacer consumista yo también?
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