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OIJ cree que allegados mataron a comerciante Víctima dejó entrar a los asesinos porque los conocía y les tenía confianzaHomicidas se apoderaron de dinero en efectivo, pero dejaron joyas Carlos Hernández P. Corresponsal Upala, Alajuela. Personas muy cercanas, posiblemente de su confianza, fueron quienes asesinaron -el lunes en la noche- al comerciante y prestamista Jaime Rodríguez Barquero, de 63 años, en Canalete, Upala, zona norte. El hombre apareció sin vida, atado de pies y manos con un mecate de nailon. Lo dejaron boca arriba en la cama del cuarto principal de su casa. Las autoridades sospechan que Rodríguez fue atacado por al menos dos personas, quienes lo asfixiaron colocándole una almohada en la cara. Rodríguez era viudo y vivía solo desde hace varios años en una vivienda ubicada en Canalete, contiguo a una panadería de su propiedad, un punto muy transitado en esa comunidad. Pese a ello, tanto empleados del negocio como vecinos aseguraron al OIJ no haber visto "nada sospechoso" en las cercanías del inmueble, cuyas puertas y ventanas no fueron violentadas. Los dejó entrar a su casa.El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) estima que Rodríguez dejó entrar a su casa a dos personas con quienes mantenía una relación de amistad y total confianza. Los desconocidos aprovecharon para reducirlo, maniatarlo y luego asfixiarlo. Después revisaron minuciosamente la casa. El OIJ sospecha que huyeron con unos ¢200.000 que el hombre había recibido un día antes como pago por un negocio. Aunque había joyas, electrodomésticos y otros artículos de valor, no se los llevaron. El móvil del crimen fue el robo, confirmó ayer el fiscal, José Abad Obando, a cargo del caso. El cuerpo del comerciante fue localizado por su hija Sirey Rodríguez, quien llegó a las 6 p. m. del lunes a buscarlo porque habían acordado encontrarse para tomar café. Además de la panadería, Rodríguez se dedicaba al préstamo de pequeñas cantidades de dinero. Un hombre querido.Quienes lo conocieron lo recordaron como una persona pacífica, muy decidido a colaborar con quienes necesitaran ayuda. Todos lo querían y respetaban. Nadie le conocía enemigos. Vecinos consultados por La Nación dijeron haber visto al comerciante con vida a las 5:30 p. m., sentado en el corredor y fumando un cigarrillo. Allí saludaba con un gesto de manos a quienes pasaban. "Era un hombre muy querido en esta comunidad. Estamos alarmados", dijo Agueda Noguera.
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