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CCT y conservación ambiental


Alfonso Mata
Miembro del CCT

Hace ya casi 34 años fui invitado a ser parte del Centro Científico Tropical (CCT). Habían pasado 10 años desde que los científicos Leslie Holdridge, Joseph Tosi y otros visionarios más habían dado origen a este proyecto.

Desde un principio, sentí que era el sitio ideal para todo el que ya desarrollaba ideas nuevas, integradoras, ecologistas, sobre la función del ser humano en el planeta Tierra, sobre el uso adecuado y la protección de los recursos naturales y la biodiversidad.

Con la trayectoria profesional establecida en eso primeros años y la inyección de nuevos miembros, el Centro pronto se configuró en un foro científico y técnico sobre los problemas que afectaban la estabilidad ecológica del país.

Mientras el CCT tomaba fuerza, el país vivía serias amenazas ecológicas. A inicios de la década de 1970 se deforestó y quemó un millón de hectáreas; cundió la ganadería extensiva y se empezó a vislumbrar la venta de las costas e islas del país.

"Grandes" proyectos. En forma técnica y apolítica se discutieron proyectos como el del oleoducto interoceánico, la apertura de la Cordillera Volcánica Central para el viaducto entre el Valle Central con Guápiles, la conversión de la Isla del Caño en un centro internacional de apuestas y juegos, la apertura de la Cordillera de Tilarán a la minería masiva y otros "grandes proyectos".

Gracias a esas acciones, se logró detener el proceso de contratación del oleoducto. Se hizo un estudio de impacto ambiental de la carretera por el Cerro Zurquí para atenuar sus consecuencias y, a cambio, se logró establecer el Parque Nacional Braulio Carrillo. También se consiguió establecer la conservación definitiva del patrimonio natural y arqueológico de la Isla del Caño, consolidar una reserva privada, la Reserva Biológica en Monteverde propiedad del CCT y el establecimiento de los parques nacionales de Corcovado y Chirripó.

En muchos de esos movimientos siempre estaban involucrados algunos de los miembros del CCT. Pareciera exageración, pero no; el país estaba maduro para consolidar un movimiento de recuperación, salvamento y desarrollo cuerdo del ambiente. La ideología bien enfocada de la conducción del manejo y conservación de la naturaleza era ya algo imparable; había llegado a todas las esferas del país y sin duda el CCT había sido, al menos, uno de los catalizadores más importantes.

Programa estrella. El CCT se interesó mucho en desarrollar conocimiento y destrezas administrativas en el manejo de áreas silvestres. Fue así como se inició el proyecto estrella, que tanta fama le ha dado al país: la Reserva Biológica Bosque Nuboso Monteverde, con dos docenas de hectáreas.

Desde esta zona protegida se ha irradiado a Latinoamérica, de manera solidaria, mucho conocimiento sobre conservación y valoración de los servicios ambientales.

Dado que el CCT no tiene fines de lucro, las entradas de sus reservas privadas se dedican por entero al manejo, investigación, educación y creación de fondos patrimoniales para la protección. Cada año el Centro aporta unos 50 millones de colones parala conservación de la Cordillera Volcánica Central.

Sobra decir que sus miembros han participado en diversos trabajos, asesorías, cursos y foros por todo el mundo, en especial Latinoamérica. Las investigaciones en sus reservas alrededor de las ciencias biológicas, cambio climático, manejo forestal, uso de la tierra y extinción de especies han producido muchas publicaciones en revistas y libros de peso internacional.

La seriedad, sencillez, discreción y madurez de la membrecía ha estado detrás de la acción de esta institución. Los cincuenta miembros con que cuenta actualmente el Centro han contribuido y aportan, de una manera u otra, su conocimiento, influencia y sabiduría a la buena conducción del espíritu conservacionista y de desarrollo armónico con el medio. Por ello al CCT le corresponde un sitio especial en la historia del conservacionismo de Costa Rica.

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