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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com El Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) ha perdido su mejor oportunidad, en tiempos extras, para salvarse y reconstruirse, tras el derrumbe de dos de sus expresidentes y otras causas venideras. La Asamblea General y Nacional, el domingo pasado, diagnosticó, una vez más, antes de las exequias, el mal que domina a este partido. La historia le pondrá la lápida, excepto que surja, en su interior, un grupo o cenáculo dispuesto -tarea homérica- a exorcizarlo, limpiarlo y revestirlo. No lo digo yo. Lo denunció ayer, en La Nación, Luis Manuel Chacón, extesorero, expresidente, exdiputado, exministro y exmiembro del Comité Político del PUSC. Se vio obligado, por dignidad, a retirarse de este partido por dos razones: por la burla a la doctrina socialcristiana, supuesta ideología de este partido, y por "el uso de la presión como arma", de parte del expresidente Calderón, para imponer la presidencia de Luis Fishman en el PUSC, defensor de "la imagen" de Calderón. Al final, como expresó Luis Manuel Chacón, "un espectáculo poco edificante". La candidatura del exministro de Educación, Guillermo Vargas, fue, por supuesto, derrotada. Hemos presenciado así un suicidio político publico, único en la historia política de Costa Rica. Entre el PUSC y el expresidente Calderón, entre la regeneración y el cacicazgo, entre la restauración de los valores y el personalismo, entre la transparencia y las bambalinas, entre la dignidad y el servilismo, entre el buen ejemplo al pueblo de Costa Rica y "la presión como arma" sobre las conciencias, un grupo mayoritario de la asamblea escogió la segunda vía, la del cementerio. La gran incógnita es el motivo. ¿Por devoción al expresidente Calderón? ¿Es que el interés de una persona vale más que un partido? ¿Es que se han creído el cuento de que el expresidente Calderón es víctima de un sector de la prensa y del Ministerio Público, y de la violación de los derechos humanos? Y si así fuese, ¿no era otra la reacción: la salvación moral del PUSC para aquilatar la inocencia del expresidente? Más bien, al destruir al partido, la asamblea del PUSC ha hundido al expresidente. Pero todavía queda la interrogante fundamental: ¿por qué? ¿Por qué puede un personaje político quebrar, con tanta facilidad, mediante "el uso de la presión como arma", la libertad de unos dirigentes y asambleístas? ¿Por qué? La pregunta da lugar a toda suerte de conjeturas. ¡Oh PUSC, ni partido, ni unido, ni cristiano, ni social... descansa en paz!
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