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La Historia como fraude VÍCTOR HUGO MURILLO S. vhmurillo@nacion.com Ocurrió el 20 de febrero, en Viena: un tribunal condenó a tres años de prisión -incondicional- a David Irving, un historiador británico, por apología del nazismo, debido a que, entre otras cosas, niega la existencia del Holocausto. Posiblemente para evitar una pena que pudo ser hasta de 10 años, el autor de La guerra de Hitler se declaró culpable. El caso, del cual informó ese día el diario español El País, pone de manifiesto la importancia de combatir sin tregua toda maniobra tendiente a soslayar, justificar, disminuir, reinventar o, peor todavía, rechazar la responsabilidad de regímenes y sistemas políticos que han incurrido en crímenes de lesa humanidad. En aquella obra, Irving -al igual que el líder de la extrema derecha francesa, Jean-Marie Le Pen- niega que hayan existido cámaras de gas "ni ningún asesinato sistemático de masas, organizado por los nacionalsocialistas". Los crímenes, agrega, fueron "aislados" y los millones que perecieron en los campos de concentración falle- cieron por causas naturales, como enfermedades. Por supuesto, esta particular versión de la Segunda Guerra Mundial incluye la afirmación de que se exageró la matanza de judíos, al tiempo que absuelve a Hitler de toda participación y responsabilidad en este genocidio. Llama la atención, por otra parte, cómo un supuesto profesional de la Historia presenta una versión revisionista de uno de los acontecimientos más dramáticos de la humanidad que, al tiempo que pretende reivindicar al nazismo, alienta a los grupúsculos que en Europa comulgan y practican con los postulados de quien precipitó a Ale- mania a su mayor desgracia material y humana, y a una deshonra moral y política. La postura de Irving, que tampoco es la única, debe ponernos alerta sobre el uso truculento del utillaje profesional, reñido con toda ética, para, supuestamente, crear conocimiento que, en vez de contribuir al esclarecimiento de la verdad y la justicia, pretende un objetivo totalmente opuesto. Con toda razón, el fiscal, Michael Klackl, abrió su participación en el juicio haciendo la advertencia de que Irving había presumido desde hace años de ser historiador, pero "es todo menos un historiador; es un ambicioso falsificador de la Historia". La diferencia es bien clara.
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