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Cuatro testimonios inspiradores Mientras unos sindicalistas amenazan con la calle, en los precarios la gente organizada "se tira a la calle" para trabajar y prevenirSe han anunciado, en estos días, dos formas de tomar las calles. Unos dirigentes sindicales de la Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP), que, por sus amenazas y métodos, en modo alguno representan al auténtico sindicalismo, pretenden apropiarse de las calles para impedir la aprobación del TLC. Un atentado directo contra el Estado de derecho y el orden público. En cambio, María Eugenia Araya, costurera, presidenta del comité de seguridad de Guararí, en Heredia, declaró a la periodista de La Nación Irene Vizcaíno: "Nosotros tuvimos que quitarle Guararí a la mafia. Los vecinos nos tiramos a la calle para decirles que Guararí es de la gente buena. Había que rescatarla y no dejarla en manos de cuatro gatos". Estas declaraciones se publicaron ayer en La Nación, como parte de un reportaje de la citada periodista sobre la seguridad comunitaria en los barrios marginales o precarios más expuestos a la violencia en el Valle Central: La Candela, en Alajuela; La Carpio, en La Uruca, en San José; Los Guido, en Desamparados, en San José, y en Cariari, en Heredia. Esta es una información de lectura obligatoria para todas las personas preocupadas por el tema de la inseguridad ciudadana y de la pobreza en nuestro país. No se trata de una recopilación o diagnóstico de esta patología social, que abundan en los anaqueles oficiales, sino de la reacción constructiva de la propia comunidad, partícipe no de luchas callejeras desestabilizadoras, que terminan por empeorar los problemas del país, sino de un esfuerzo solidario para ser parte de la solución de los problemas sociales. Nadie puede quedar indiferente ante la actitud de estas comunidades ni ante las tareas concretas que llevan a cabo para dar cima a sus propósitos de seguridad ciudadana, no increpando a las autoridades o esperándolo de estas, sino formando alianza con el Ministerio de Seguridad Pública; no por medio de la violencia o la represión, sino de la prevención, cuyas dos principales vertientes son el respeto y la razón. Los resultados han demostrado la eficacia del método preventivo contra la droga y la delincuencia. Hace unos 20 años, dicen los vecinos, no podía la Policía ingresar a Los Guido o a Guararí. Ahora, reiteran, estas comunidades no son "paraísos terrenales, pero distan mucho de ser las tierras de nadie que fueron en el pasado". La labor preventiva de estas comunidades es digna de elogio y de imitación tanto en el campo de la seguridad como ante otros problemas sociales. La táctica del miedo, de las quejas o de la violencia se ha sustituido en ellas por la solidaridad, la integración de comités de trabajo, el planeamiento y la perseverancia en la ejecución. En vez de pedirle al Estado, que disipa los recursos en otros menesteres y en privilegios inauditos, han recurrido a ventas y rifas para acarrear fondos para sus proyectos, realizan campañas espirituales, organizan talleres de costura, buscan locales para los policías, imparten cursos sobre primeros auxilios, proyectan guarderías infantiles y llevan a cabo una serie de actividades parecidas, que implican sacrificio personal y familiar, y hasta el riesgo de las acometidas de la delincuencia. Exaltamos este ejemplo de solidaridad social en estas comunidades marginales, formadas en su mayoría por gente buena y trabajadora, mas sería injusto no reconocer la labor silenciosa y fecunda de otros grupos y dirigentes, laicos y eclesiásticos, con parecidos objetivos. Aquí tiene el próximo gobierno un método, una mentalidad y una legión de colaboradores, que necesitan apoyo. La seguridad comunitaria y la seguridad ciudadana, en su acepción más amplia, encarnada en estos ejemplos, puede ser una de nuestras mejores garantías y estrategias de triunfo en el campo social. Sería imperdonable no inspirarse en estos testimonios y en este modelo, y, más bien, apresurar, por la indiferencia y el egoísmo, el advenimiento de las "maras".
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