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Al Grano Édgar Espinoza edgarespinoza@costarricense.cr Bien haríamos nosotros en aclarar las cosas con Dios. Según las Sagradas Escrituras, tras crear el universo todo, tarea de ingente albañilería cósmica, y luego al ser humano, obra de altísimo riesgo, Dios se retiró a sus dominios privados con la satisfacción del deber cumplido y, ¡bueno.! también con la remota esperanza de recuperar semejante inversión divina, si no con almas puras, que están hoy a la baja, al menos con unas de medio ver. Pero hasta ahí su misión. Y punto. No obstante, a los ticos les ha dado por asignarle a Dios ciertos quehaceres que, por alejados de su ignota investidura, caen en el terreno de lo mundano y lo profano. Uno de ellos es ponerlo a jugar futbol. No bien un jugador anota, corre ante la hinchada a festejar con visajes al cielo que el autor del gol no fue él, sino el de "arriba", encarnado ya no en mesías o redentor, sino en definidor, carrilero, volante de contención o sepa Judas. Bajo esa premisa, ¿qué ocurre si el adversario empata y hasta vuelca el marcador 3 a 1? ¿Es Dios un traidor? Y ¿qué tiene que decirle a Dios el portero al que le encajan esos tres goles? ¿Que gracias a Dios no fueron seis? No es la primera vez que un gol decisivo se debe, incluso, a "la mano de Dios". O sea que, encima, tramposito. ¡Árbitros de todo el mundo, avispaos con Dios! Por lo menos quedamos notificados de que, si bien "Dios no juega a los dados", en futbol no es nada dejado. En medio de su omnisciencia, Dios también parece estar en el instante de escoger a las "misses" en los certámenes de belleza pues, igualmente, las ungidas suelen atribuirle a Él, y solo a Él, su triunfo. ¿Reparará Diosito en la talla 90-60-90 de la criatura que ganó, y desdeñará los ojos rasgados o la sonrisa de lirio que él mismo, con sus propias manos, moldeó en las otras? En todo caso, ¿qué tiene Dios contra las feas, al fin y al cabo tan fruto suyo como las demás? Y ¿si la electa fuera una Miss Porno, que, con el mismo derecho, y devoción, le endosa a Dios su glorificación sexual? La presencia de Dios en unos, pareciera ser la ausencia de Dios en otros. Lo mismo en política. Los gemelos Salas le habrán acreditado a Dios la gauchada de servirles en bandeja tamaño privilegio; los directores de Japdeva, la del paseíto por la Panamá carnavalera; ciertos jerarcas del IDA, la de repartirles lotes ajenos a sus familias; los mandamases de la JPS, la de una buena dieta, y los gremios sindicales, la de ostentar clubes con el sudor de nuestros impuestos. Ni los mandatarios parecen librarse de tanta pantomima de campanario pues, en cuanto alguien se descuida, se olvidan de los molinos de Dios para llevar agua a los propios. ¡Y no precisamente bendita!
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