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No es malo cuestionar, pero. No se aprobaron las reformas, pero quieren que el TSE cambie los procedimientosChristian Hess Araya En su columna del domingo 19, don Rodolfo Cerdas propone no santificar al Tribunal Supremo de Elecciones o firmarle un "cheque en blanco", por estimar que eso, lejos de beneficiarlo, más bien lo perjudica al hacer que cerremos los ojos ante irregularidades que han sido acusadas en este proceso electoral. En cierto modo, no puedo menos que simpatizar con la tesis de principio. Yo también creo que es sano mostrar cierto recelo, cierto escepticismo, frente a las acciones de las personas que ejercen autoridad y que nos pueden afectar seriamente. Lo menos que puede hacer un ciudadano que precia sus derechos y libertades es dormir con un ojo abierto, perennemente alerta frente a los potenciales abusos del poder. Valiosa reflexión. Pero siento que las admoniciones de don Rodolfo también pueden conducir, si no se tiene cuidado, a actitudes tanto o más aventuradas que la de pretender canonizar al TSE. Vale la pena reflexionar al respecto. En diciembre del 2001, publiqué en esta misma sección un comentario titulado "Fair play para el TSE", en el cual ofrecía un símil entre el proceso electoral y un partido de fútbol, en el que el Tribunal hace las veces de árbitro central. En esa ocasión dije -y hoy parece apropiado repetir- que "lo que procura el TSE es que el juego democrático fluya hasta su lógica conclusión. Lo cual nos lleva a recordar que ese juego no lo juega el árbitro, sino los partidos políticos, que son sus verdaderos actores. El TSE podría errar y verse expuesto a la crítica constructiva, pero no al irrespeto. A cada partido político incumbe hacer lo que deba para ganar las elecciones, pero no puede esperar que el Tribunal las gane por él".
El marco legal. La verdad es que lo que el TSE está haciendo en esta ocasión difiere poco o nada de lo que ha hecho, proceso electoral tras proceso electoral, desde su creación. Y ello es así, sencillamente porque ese órgano -como dependencia pública que es, sometida al principio de legalidad del derecho constitucional- solo puede hacer lo que el marco legal que lo regula le permite hacer. Y ese marco normativo, previsto fundamentalmente en los artículos 130 a 133 del Código Electoral, es el que viene rigiendo, sin cambios sustanciales, desde hace décadas. Lo único que hace a estas elecciones distintas es que el escrutinio provisional no produjo, ab initio, un claro vencedor del torneo, como solía suceder, lo que nos llevó a centrar la atención en un escrutinio manual al que quizás no se le prestaba tanto interés en el pasado. Los partidos políticos representados en la Asamblea Legislativa, incluyendo a los dos que hoy reclaman la victoria, no se han comprometido a conciencia al examen de las reformas que se requiere para modernizar y fortalecer el régimen electoral en general y al TSE en particular. Por eso no deja de asombrar que ahora se quiera pedir peras al olmo, pretendiendo que el Tribunal improvise o cambie los procedimientos que siempre ha observado y que no puede variar. Lo razonable. Sí, todos los partidos tienen derecho a denunciar irregularidades y a pedir que se investiguen. Esas denuncias deben ser escuchadas y resueltas. Pero cuidado con la forma como se ejerce ese control, porque replantear una y otra vez cosas sobre las que el Tribunal ya se ha pronunciado implica desconocer la autoridad de cosa juzgada que revisten sus fallos. Y acorralar a un magistrado del Tribunal contra una pared para cuestionar decisiones colegiadas, mientras las cámaras de la televisión ruedan y los micrófonos graban, rebasa las fronteras de lo razonable. Así es que, sí, no se trata de santificar al TSE. Sin embargo, mientras no haya evidencia irrefutable de que las anomalías del proceso -muchas de las cuales no parecieran inusitadas- sean directamente atribuibles al Tribunal, no debemos deslegitimizar su autoridad; no pongamos en tela de juicio la buena fe de sus integrantes. La manera elegante de ganar (o de perder) un partido es jugando limpiamente, no agrediendo al árbitro.
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