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Democracias en fuga

Los partidos han perdido representación y se han convertido en máquinas electorales

Cecilia Cortés
Directora Ejecutiva Funpadem

Lo ocurrido en Costa Rica el 5 de febrero recién pasado es solamente una muestra de lo que viene pasando con la democracia en Latinoamérica hace poco más de una década. De partida, un problema que afecta la gobernabilidad en la región es que las instituciones políticas no han podido adaptarse a los importantes cambios económicos, sociales, tecnológicos y culturales.

En particular, los partidos y sus líderes tienen una enorme cuota de responsabilidad. En general, en Latinoamérica, los partidos poco a poco han venido perdiendo sus vínculos con la ciudadanía, su capacidad de agregación y articulación de voluntades; inclusive, en varias subregiones, claramente perdieron su capacidad de representación efectiva. Son meras máquinas electorales que mediante ingeniería pensada hacen efectiva la representación.

La estructura formal de la democracia garantiza a los partidos un espacio a través de la competencia electoral pero, como dice Juan Rial, "pueden ser estuches vacíos de contenido, contenedores para la acción de grupos de interés". Ello da lugar a la fuga de los ciudadanos, que cada vez más dejan de interesarse por las actividades formales derivadas de la política. Muchos se fugan al estar excluidos de posibles beneficios estatales, migran de un país a otro o se mueven en el marco informal de la economía, desertan de los mecanismos formales de la integración social.

Rechazo de partidos. Vemos cómo en la subregión andina y en países de Centroamérica los partidos vienen perdiendo su centralidad. Ya no orientan a los opinión pública; al contrario, suelen estar orientados por ella o, más preocupante aún, la opinión pública los rechaza.

De nuevo con Rial, no es un problema con la democracia, sino dentro de la democracia. Cómo se resuelvan estos problemas de la democracia dependerá del éxito con que se enfrenten las situaciones sociales y económicas que caracterizan hoy a la región.

Junto al gran cambio con los procesos de democratización en la década de 1980, se produjo el cambio socioeconómico de la mano del Consenso de Washington -que realmente nunca fue consenso-, el conjunto de recomendaciones lideradas por John Williamson, que pasaban por medidas como la reforma tributaria, tipos de cambio y tasas de interés, política comercial, disciplina fiscal, desregulación, etcétera. No fueron parte del "consenso", pero sí consecuencia el aumento del desempleo, el mercado informal y la pobreza abrumadora.

Nuevas relaciones. En la primera década del siglo XXI, parece que Latinoamérica se encamina a un cambio: hay una tendencia hacia la centroizquierda: Lula, Chávez, Kirchner, Vázquez, Bachelet, López Obrador. Comprender qué pasa con la democracia en Latinoamérica requiere una revisión profunda del pensamiento que dominó en la década de 1990. Una pregunta sería hacia dónde se dirige Latinoamérica con estos resultados electorales, sin omitir las implicaciones de las nuevas relaciones internacionales que se plantean, por ejemplo, a partir del pago de la deuda por parte de Brasil y Argentina al FMI, rompiéndose la condicionalidad de las instituciones internacionales de crédito.

Las expectativas acerca de la democracia resultaron muy altas, como dejan ver informes como el del PNUD del 2004: "Hacia una Democracia de ciudadanos y ciudadanas". Si bien la democracia permitió dirimir conflictos en las urnas en vez de confrontaciones armadas, no solucionó los problemas relacionados con empleo, educación, salud y disminución de la pobreza. El mismo informe de PNUD indica que "para que la democracia no languidezca y crezca, América Latina necesita trabajar sin descanso para que las instituciones democráticas sean transparentes y den cuenta de sus acciones. Es imperativo, entonces, demostrar a los ciudadanos y ciudadanas que la democracia trabaja por la gente y da respuesta a sus necesidades y que el control ciudadano se ejerce cuando no cumplen". En Costa Rica, ese es el mensaje del 5 de febrero.

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