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Ojo crítico Rodolfo Cerdas Aunque angustiados con la incertidumbre de la elección, creo que es inaceptable la propuesta de poner al TSE casi en olor a santidad. Esto no es bueno para el TSE y los honorables magistrados, para el sistema democrático ni, mucho menos, para la reforma política que se necesita. Esta santificación borra, de golpe, las irregularidades detectadas en varias mesas de votación, las debilidades institucionales y legales ya señaladas desde tiempo atrás en los medios de comunicación, y otros problemas que incluso ocuparon las páginas editoriales de los periódicos. Por eso no acepto la, por otra parte entendible, reacción de algunos sectores ante la exigencia legítima y fundada del PAC de que se examinen en detalle las mesas cuestionadas, de que no hubiera declaratoria provisional alguna de ganador y de que se rechazara la petición de cambiar el orden tradicional de recuento de las mesas. Claro está que siempre hay cabezas calientes que critican sin fundamento, tratan de deslegitimarlo todo y no ven que juegan con fuego. En primer lugar, nadie duda de la imparcialidad política de los magistrados y, además, una cosa es rechazar estos extremismos y otra, muy distinta, santificar in toto al TSE, considerar intachable el actual funcionamiento electoral y criticar al PAC por ejercer los derechos que la ley le concede y la democracia le exige. Más que un derecho, es un deber cívico denunciar todas las violaciones o errores que se cometan en materia electoral. Por el contrario, taparlas, como se taparon las cometidas en 1953 y, más recientemente, en anteriores elecciones internas del PLN, es propiciarlas y debilitar el sistema. Y si las irregularidades electorales no se reclaman ante el TSE, entonces ¿ante quién? Se dice que así se procura retrasar la declaratoria de elección. Este juicio de intención también es falso. El Código Electoral establece un plazo dentro del que el TSE debe pronunciarse; y existe un amplio interregno, que vence en mayo, que da tiempo para que las cosas se hagan bien, conforme al Código y no a los deseos subjetivos de nadie. Por eso rechazo esa invitación a firmar un cheque en blanco al TSE: porque es errónea, educa mal al ciudadano y lesiona el derecho democrático a la crítica. Es la ruta al mundo del Doctor Panglós, el maestro de Cándido, para quien este es el mejor de los mundos, donde la nariz existe para sostener los anteojos, la cabeza para usar el sombrero. y el TSE para satisfacer al posible ganador. Como tendemos a ser mitómanos y tragarnos todos los cuentos, lanzo mi advertencia contra este. En medio de esta frecuente pero engañosa unanimidad, que al menos la mía constituya una voz disonante y de advertencia.
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