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Comentario del Evangelio: Por la fe al milagro Un signo en el que el perdón, la curación y el tema de la fe aparecen como esenciales. Jesús afirma la eficacia de su palabra de perdón más que con lo que dice, con lo que hace. Por otro parte, la curación obrada apoya su proceder al perdonar pecados y, adicionalmente, simboliza la salud espiritual comunicada al pecador perdonado. Ya sabemos que en el Nuevo Testamento la fe es requisito necesario para un milagro. Para los evangelios sinópticos, generalmente, el milagro va precedido por una fe personal y en caso de que ella no sea posible, al menos, aparece la fe de otros más o menos decidida. En presencia de la fe, el milagro va a veces más allá de lo que esperaban los interesados. La incredulidad, en cambio, desvirtúa y paraliza la fuerza milagrosa del Señor (cf Mc 6,1ss). Además y con cierta frecuencia, incluso en Juan, el milagro está en el origen de la fe o de un aumento de la misma. Nunca, como es claro en lo dicho hasta aquí, tiene sentido el milagro por el milagro y menos aún el "milagro-espectáculo". Ahora, aquí por fe entendemos confianza. Los testigos y los beneficiarios del milagro lucen convencidos del poder y de la bondad de Jesús. Ahora, se trata de una confianza dinámica, inventiva y combativa. Una confianza que poco a poco lleva a dar un paso más: la adhesión a aquel generoso taumaturgo. Estamos así ante una verdadera fe cristológica. Es cierto que es una fe aún embrionaria y potencial, pero fe al fin. En el relato de este día del Señor, luego de un acto heroico de quienes portan al paralítico y de una fuerte disputa, Jesús prueba su poder de perdón con una acción evidente y comprensible para todos. La curación será una prueba suficiente, pues jamás Dios escucharía a un blasfemo. Lo que pasa en el exterior revela lo que ocurre dentro. Al final del relato, dos elementos nos han de llamar la atención. El primero, la expresión "se quedaron atónitos" (v.12b). Un asombro ante el Señor, su accionar y enseñanza que todos hemos de recuperar cuanto antes. En otras palabras, se trata de nunca acostumbrarnos y asumir en nuestra vida una renovada capacidad de admirarnos de frente a Jesús. El segundo elemento es la expresión del final de la perícopa que la Iglesia nos presenta para el día de hoy: "Nunca hemos visto una cosa igual" (v.12c). Efectivamente, lnunca habían visto ni verán cosa igual. Y lo que aquellos miraron lo tenemos nosotros ante nuestras narices a diario y a veces no lo notamos. Mauricio Víquez Lizano, pbro.
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