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Celebración de la vida El doctor Francisco Lobo Sanahuja entregó su admirable vida a salvar a niños con cáncerAlejandro J. Ayón L. Decano, Escuela de Medicina, U. Católica de Nicaragua Cuando alguien muere, debemos encontrar razones para celebrar esa vida, y no solo sentir tristeza por la partida de esa persona, importante para nosotros. El 4 de febrero, nos dejó un buen hombre, quien entregó su vida a los demás, especialmente a los niños enfermos del mal que nos atemoriza tanto: el cáncer. Coros de ángeles compuestos por niños que no pudieron salvar ni él ni su obra, de seguro estaban esperando para dar la bienvenida al doctor Francisco Lobo Sanahuja, que, después de una larga batalla, también sucumbió ante el cáncer. Alto nivel. Recuerdo al doctor Lobo como jefe, en 1983, del Servicio de Oncología del Hospital Nacional de Niños Doctor Carlos Sáenz Herrera, donde después fue jefe del Departamento de Cirugía. Su labor no se concentró en ser cirujano e investigador; fue más allá: organizó y creó el Departamento de Oncología, igual que la Fundación para ese fin, que sigue funcionando. Mediante esa fundación se ha comprado equipo y actualizado al personal de Hematooncología, y otras tantas cosas que han beneficiado al niño con cáncer y que han permitido que las estadísticas de sobrevida del niño hayan mejorado en los últimos 20 años a niveles similares a los de países del primer mundo. Durante mis años de residencia en cirugía pediátrica, tuve la oportunidad de verlo entregado a su servicio, a sus pacientes y también a la docencia; muchos nos beneficiamos de sus enseñanzas. Me tocó operar con él muchas veces, lo vi en éxitos y fracasos, siempre con un espíritu positivo, optimista, encontrando a todo una razón. Departí con él por última vez en el Congreso Latinoamericano de Oncología Pediátrica realizado en Nicaragua hace dos años. Disfruté mucho de su presencia. Estaba feliz al lado de su esposa -quien lo acompañó desde muy joven- y de sus amigos latinoamericanos, quienes hoy sentimos tanto su partida. Solidario. Pensar en un hombre como el doctor Francisco Lobo Sanahuja me hace esbozar una sonrisa pues sus recuerdos me transmiten solo cosas buenas, optimismo, deseos de vivir por un motivo mas allá del de la vida misma; me transmiten solidaridad, palabra de la cual él hizo una vida porque el doctor Lobo fue eso: luz de su casa y luz de la calle. Que Jesús, a quien siempre vio en el prójimo enfermo, lo tenga ahora en la presencia del Padre Celestial. Hasta siempre, mi querido doctor Lobo.
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