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Respeto a la institucionalidad Algunos orquestan una campaña para desvalorizar el resultado de las eleccionesRubén Hernández Valle A raíz del estrecho resultado electoral a favor del PLN en las elecciones del 5 de febrero, se ha comenzado a escuchar voces intolerantes tanto en las tiendas perdidosas como en los sectores sindicales y de la incierta categoría de "la sociedad civil", que hablan incluso de desconocer el resultado final de las elecciones y de llamar a la desobediencia civil. Hay signos evidentes de que algunos sindicatos y adversarios acérrimos del candidato vencedor orquestan una campaña tendente a desvalorizar los resultados finales y, por ende, a deslegitimar al Presidente de la República ungido libremente por el pueblo costarricense en las urnas electorales el 5 de febrero. Estabilidad. Si algo ha caracterizado y diferenciando a Costa Rica del resto de Latinoamérica, es justamente el respeto a la institucionalidad. Los hechos armados de 1948 terminaron para siempre con el fraude electoral y consolidaron nuestra estabilidad política. Ello nos permitió crecer más rápidamente que la mayoría de los países latinoamericanos en los ámbitos social y económico. Es una verdad de Perogrullo que sin estabilidad política no hay desarrollo económico y social posible. Los actores políticos en una democracia madura, como la costarricense, deben estar a la altura de las circunstancias. Hay que tener entereza para reconocer la derrota a pesar de que haya sido por un estrecho margen de votos. Reconocer la victoria del adversario ennoblece al perdedor; buscar excusas leguleyescas o ideológicas para cuestionar el resultado final o no admitir que se perdieron unas elecciones, es un pecado de lesa democracia. Ello incluso podría configurar un acto de corrupción pues se estaría cuestionando espuriamente y a sabiendas la voluntad mayoritaria del electorado, por el simple hecho de haberle sido adversa. Respeto al TSE. Por consiguiente, es necesario que la prensa y todos los actores políticos tengan calma y esperen el veredicto final del TSE y lo acepten sin renuencias ni ninguna índole. No cabe alegar excusas de supuestos "chorreo" como si estuviéramos todavía en 1944, ni de que anularon votos que presuntamente eran válidos. Sólo el TSE tiene la facultad de establecer cuáles votos son válidos y cuáles son nulos. Las objeciones de los fiscales de los partidos son simplemente apreciaciones subjetivas carentes de valor jurídico. La integridad de los Magistrados del TSE, su probada honorabilidad, está muy por encima de todas esas maledicencias que posiblemente aflorarán cuando se produzca la declaratoria oficial de quien ocupará la silla presidencial durante los próximos cuatro años. Conciliación. El próximo gobierno tendrá, sobre sus espaldas, una tarea muy difícil pues deberá conciliar los intereses de grupos políticos con visiones, en la mayoría de los casos, completamente antagónicas. Para ello serán necesarios la negociación y el diálogo fecundo y patriótico. Por tanto, como decía, el gran doctrinario de la democracia moderna, Abraham Lincoln, "una casa dividida no puede subsistir por mucho tiempo". De igual forma, una Costa Rica dividida, polarizada en dos bandos antagónicos, no llegará a ninguna parte. Por ello, es necesario que todos los partidos políticos dejen a un lado sus diferencias ideológicas con los adversarios y se sienten a conversar sobre las soluciones urgentes que requiere el país para afrontar la peor crisis económica y social de los últimos 25 años.
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