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Gemelos sin pena Armando Mayorga amayorga@nacion.com Los gemelos diputados Carlos y José Francisco Salas Ramos resultaron políticos sin pena. Son el claro ejemplo -y en partida doble- de por qué la mayoría de los costarricenses opina mal de los legisladores: llegaron al Congreso a servirse, y no a servir. Con el cambalache de curul, Carlos, quien hace cuatro años recibía una pensión ¢280.000 como educador retirado desde 1996, la subirá seis veces, a ¢1,6 millones, por su meteórico paso de dos meses y medio por el plenario. Todo es legal, sí, pero de ética discutible en políticos que pidieron el voto pregonando alianzas de trabajo "con Dios y con el pueblo". Ese pueblo que los eligió, precisamente, es el responsable de que haya diputados como estos, con metas personales más definidas que las políticas. La culpa la tienen los electores que llevaron a los gemelos a alcanzar una curul en el 2002. Se equivocaron. También se equivocaron las 3.200 personas que votaron el 5 de febrero por el Partido Auténtico Herediano para llevar a Carlos a la Asamblea a partir del 1.° de mayo (dichosamente, salió derrotado). La culpa también es de los legisladores y de los gobernantes que han favorecido regímenes de pensión privilegiados como el que goza el desteñido diputado, que le permite jubilarse con el mayor salario recibido en los cinco años previos al retiro. En este caso, su contribución para recibir una pensión tan alta, serán, si acaso, unos pocos pesos en estos dos meses. Ante las publicaciones, el descaro de Carlos ha sido bárbaro. Sus respuestas a los medios lo retratan como es pues está emplazando al próximo gobierno a que lo nombre en un alto puesto en el Ministerio de Educación, o agregado cultural en España, donde vive su hijo. Esa es su única condición para aplazar el cobro de la nueva pensión. ¡Qué desfachatez! Ese señor desconoce que el resultado electoral es una clara muestra de que los ciudadanos nos queremos librar, más bien, de funcionarios de su talla. Lo único positivo de esta polémica es la actuación del ministro de Trabajo, Fernando Trejos, quien, frontalmente, dejó al descubierto que el trueque de curul que nos pintaron los gemelos como un acto de "amor y lealtad" entre hermanos, bien podía acabar en beneficios económicos millonarios de por vida para uno de ellos. Al menos, en este caso, el Ministro merece un aplauso por actuar "sin asco".
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