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La "guerra" de las caricaturas Las democracias no deben ceder ante los sectores musulmanes extremistasParece un ensayo final del gran "choque de civilizaciones" entre el Islam y el Occidente, que algunos escritores vienen pregonando desde hace años, y que ciertos políticos y activistas se empeñan en atizar por oscuros intereses. En setiembre del 2005, el diario danés Jyllands-Posten publicó una docena de caricaturas que representaban corporalmente al profeta Mahoma, algo que los islamistas rechazan; algunas de ellas, además, eran totalmente irreverentes: en una, por ejemplo, aparecía con una bomba nuclear como turbante, lo cual implica el falaz simplismo de comparar islamismo con terrorismo. Fue, sin duda, una decisión irrespetuosa para quienes practican la fe musulmana. Por ello, existe razón para criticarla y para suponer que el periódico transgredió erróneamente un límite de buen gusto y consideración hacia sus lectores, especialmente los que profesan esa religión; pero también fue un claro -además de legal- ejercicio de libertad e independencia periodísticas. Ante tal hecho, se justificaban los reclamos y las protestas, aunque fueran vehementes, de quienes se sintieran afectados; pero resulta inaceptable la escalada de intransigencia ciega y violencia gratuita desatada por algunas multitudes enardecidas y manipuladas alrededor del mundo musulmán, no solo para rechazar las caricaturas, sino también para cercenar un principio básico de la democracia: la libertad de expresión. Durante las últimas semanas (es decir, meses después de la publicación original), las protestas han producido la muerte de diez manifestantes; el incendio de las embajadas de Dinamarca y Noruega en Siria; ataques con cocteles molotov y armas de fuego contra otras representaciones diplomáticas en Irán, Indonesia, Líbano y Turquía; el lanzamiento de un proyectil contra una oficina de la Unión Europea en la Banda de Gaza; el asedio contra cooperantes y funcionarios nórdicos en varios países; el boicot contra productos daneses, y reiteradas incitaciones a la violencia. Cualquiera que considere estas reacciones como representativas de las actitudes y actuaciones de todos los musulmanes, podría afirmar que, en efecto, estamos ante una religión que ni entiende ni respeta la libertad, y que desconoce fundamentos clave para la convivencia interna del mundo occidental. De aquí al verdadero "choque de civilizaciones" habría, por tanto, una corta distancia. La realidad, sin embargo, es diferente. Por desgracia, la violencia es real; pero, por suerte, no se origina en una verdadera reacción espontánea de las mayorías musulmanas. Responde, más bien, a esfuerzos concertados de grupos extremistas, y a los designios de Estados autocráticos y policiales, como el sirio y el iraní -y, en menor medida, Arabia Saudita o Egipto-, para exacerbar los enfrentamientos como estrategias de chantaje internacional, como herramienta para apaciguar a los fundamentalistas locales, y como formas de control de los sectores democráticos que, dentro de los propios países musulmanes, desean mayor libertad de expresión y decisión. La valiente actitud de un periódico en Yemen y otro en Marruecos, que decidieron unirse a muchos más en Europa y, como acto de solidaridad con sus colegas daneses y con la libertad de prensa, reprodujeron las caricaturas, es un estimulante ejemplo de rechazo a la intransigencia. Muchos gobiernos de Europa, así como Estados Unidos, han hecho bien en reiterar su respeto a la fe musulmana y criticar severamente la publicación de las caricaturas; pero no han sido igualmente enfáticos en reiterar el papel central de la libertad de expresión en la vida democrática, ni en respaldar su ejercicio. Tampoco han reaccionado con suficiente firmeza ante los regímenes que orquestaron los ataques contra las embajadas. Todo eso es tan preocupante como la violencia porque principios como la libertad no pueden ceder ante el chantaje; porque el necesario respeto a cualquier credo debe estar en equilibrio con el respeto a quienes, por las razones que sea, no lo comparten y hasta deciden ridiculizarlo; y porque, también, el verdadero encuentro entre el Occidente y el Islam solo podrá producirse cuando, en los países musulmanes sometidos a la dictadura (un enorme número), se respeten, desde el poder político y las estructuras religiosas, la libertad y la tolerancia. En esto, las democracias del mundo deben ser muy firmes.
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