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Urnas de lo inesperado Las denuncias de fraude exigen pruebasIván Molina Jiménez Luego de la elección presidencial de 1944, en la que se creía que León Cortés ganaría por mayoría aplastante a Teodoro Picado, Ricardo Jiménez, ante un resultado que era exactamente lo contrario de lo esperado, declaró que de las urnas siempre sale lo inesperado. Jiménez, además, descartó que el fraude pudiera explicar el triunfo de Picado, una opinión que medio siglo después fue confirmada por el análisis de las denuncias de fraude presentadas por los cortesistas. Dos de las principales conclusiones del estudio que realizamos Fabrice Lehoucq y el suscrito sobre el fraude electoral antes de 1948 son: primero, que la denuncia del fraude siempre superaba al fraude cometido, y segundo, que los discursos desarrollados con base en esas denuncias tenían un profundo efecto corrosivo sobre la credibilidad del sistema electoral. La razón de esto último se explica, ante todo, porque acusar a sus adversarios de fraude era una estrategia utilizada sistemáticamente por los partidos perdedores con un doble propósito: justificar su derrota y deslegitimar la victoria de sus rivales. Tras el resultado de los comicios del 5 de febrero pasado, el "fantasma" del fraude se ha levantado de su tumba y ha vuelto a deambular por el país. Frente a este desafío, la mejor actitud que debe asumir la ciudadanía es exigir a los denunciantes de prácticas fraudulentas que presenten las pruebas correspondientes. De 1948 en adelante, solo ha habido un intento amplio de fraude, en una elección nacional, debidamente documentado: el de los comicios de 1953, cuando un jeep que transportaba material electoral se volcó y el accidente puso al descubierto miles de papeletas marcadas a favor de José Figueres. A partir de entonces, la denuncia del fraude se ha concentrado en las actividades electorales internas de los partidos, cuyo caso más notorio fue la convención interna del PLN, en 1998. En las actuales circunstancias, tomarse seriamente las acusaciones de fraude es esencial no solo para sancionar cualquier posible irregularidad, sino también para limitar el efecto corrosivo que la denuncia irresponsable de prácticas fraudulentas suele producir. La elección del 5 de febrero pasado enfrentó a las dos tendencias en que se dividió el PLN en el gobierno de Monge (ambas neoliberales, aunque una más moderada que la otra). Dada la duración de ese conflicto, al que se ha sumado ahora el margen de espera abierto por el recuento manual, parece inevitable que los líderes de ambas tendencias incrementen las presiones sobre el TSE, y es probable que apelen a todos los medios a su alcance para defender sus posiciones, incluida la denuncia de prácticas fraudulentas. Si esto ocurre, exijámosles las pruebas. Catedrático. Universidad de Costa Rica.
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