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Dios mío, ¿qué me pasó? Meditaciones y confesiones de un presidente en el ocaso de su mandatoJorge Garita Sánchez Extesorero nacional Recuerdo cuando visité los pueblos en plena campaña. Cuánta esperanza sembré, cuántas ilusiones forjé, principalmente en los menos favorecidos, pues ellos creyeron en mí. Recuerdo sus miradas de esperanza, sus sinceras palabras de angustia y casi desesperación que me conmovieron profundamente y me fortalecieron para la lucha que tenía que dar desde la presidencia. Sabía que algunos sectores poderosos no confiaban en mí, pero esperaba convencerlos rodeándome de lo que yo calificaba en ese entonces como un excelente equipo para gobernar. Hoy, en el ocaso de mi mandato, me angustia ver la cruda realidad: el país no solo no mejoró, sino que retrocedió. Veo ahora que ya no valen las palabras, las negociaciones, las presiones, las jugadas políticas , o las consideraciones puramente económicas que a diario me sugerían y repetían algunos de mis más cercanos colaboradores; simplemente, el tiempo se me fue. Por hacerles caso, no les di mantenimiento a las carreteras y caminos ni a la infraestructura escolar. Acepté que se recortaran y retuvieran recursos de los programas de ayuda social y de las municipalidades y que se desfinanciaran parcialmente los programas del Ministerio de Salud, mientras se disparaban el dengue y otras enfermedades ya erradicadas; además, permití que se retuviera dinero para becas y transporte escolar, y no le di el debido impulso a la Caja Costarricense de Seguro Social, tan necesitada de reivindicación. Ni siquiera cubrí los ajustes salariales y de pensiones según la inflación, empobreciendo aún más a los asalariados y pensionados, mientras la deserción escolar, la inseguridad, la prostitución , la drogadicción y el desempleo continuaron agobiando al sufrido pueblo. Me lo aconsejaron. Total, todo lo que hice fue lo que me aconsejaron: No gire, no pague, retenga recursos, no haga obra nueva ni de mantenimiento, así presionamos para que nos aprueben el plan fiscal; es necesario, si no se nos dispara la inflación. Hoy veo muy claramente que fui el presidente del plan fiscal que, dicho sea ahora, está siendo fuertemente cuestionado. Por defenderlo no hice otra cosa, y la inflación siempre se nos disparó, el país retrocedió y mi gestión quedará en la historia posiblemente como una de las más malas, cuidado si no la peor. Cuánta tristeza, decepción , angustia y desesperación habré llevado a los corazones de los costarricenses, cuántos accidentes en carretera por los huecos, cuántos divorcios y llanto por la mala situación económica, cuántos escolares han tenido que abandonar sus estudios y cuántos otros costarricenses se han visto obligados a buscar el sustento fuera del país: ¿qué será de ellos? Y el TLC, ¿que pasará con eso? Total, que no resolví nada; preferí dejarle el pleito a otros y siento ahora que, en cierta manera, incumplí mis deberes de gobernante. Dios mío, ¿que me pasó? Perdóname e ilumina al que gane las elecciones y a su equipo de gobierno. Así sea.
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