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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com En situaciones inciertas o caldeadas, como esta, tras las elecciones del domingo pasado, viene a cuento la chanza -falsa e irrespetuosa- entre Luis XVI y su esposa, María Antonieta, la noche anterior a la ejecución del primero (después vendría ella) en la guillotina: "Mi amor -le dijo el Rey-, hoy más que nunca debemos tener la cabeza en su lugar". Se trata, en el fondo, de actuar con respeto y prudencia -sabiduría-, de hecho y de palabra, cuando sube la temperatura personal o social, y el arrebato pretende suplantar a la razón, ese divino don inapreciable que nos distingue de los animales y que, sin él, nos hacemos peores que los animales. ¿Siempre racionales? Sí, pero, sin olvidar la conformidad con la razón práctica, como diría Kant, o deseo -y subrayo deseo- de vivir en conformidad con la razón, lo que nos hace razonables. Como se ha dicho, la estupidez es siempre peligrosa. No lo olviden jamás nuestros políticos. De aquí la trascendencia de la prudencia, sabiduría práctica, virtud intelectual, "arte de vivir y de actuar del modo más inteligente posible", tan importante que Santo Tomás de Aquino nos enseña que "no sustituye a ninguna otra virtud, pero las dirige a todas en la elección de los medios". Estos días han sido prolíficos en enseñanzas. Hemos tomado nota del reinado o de la ausencia de la prudencia -y del respeto- en nuestro mundillo político e intelectual, particularmente al calor del resultado de las elecciones. ¡Cuántas sandeces sobre las encuestas, cuántas opiniones irreflexivas, cuántas profecías -hilarantes o apocalípticas- sobre el futuro de Costa Rica, cuánto tremendismo, cuánto angelismo! ¡Cuántos fraudes proclamados, cuántos bazucazos, cuántas proclamas, cuántos chanchullos y chorreos anunciados y, peor aún, sugeridos, cuántas dudas sembradas! Este es el negocio: sembrar la duda, crear incertidumbre y deslegitimar. ¡Cuántas simplificaciones, cuántos sofismas, cuántas inferencias absurdas! ¡Cuánta patria manipulada! Hemos observado, en estos días, quiénes tienen grandeza y quiénes están dominados por la pequeñez. ¡Qué buen diagnóstico para proyectarlo hacia el futuro! Arropémonos en el respeto y en la prudencia, esto es, en el "ponernos a pensar" antes de hablar y de actuar, y pongámonos a trabajar, confiados en el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), con la cabeza en su lugar, para liberarnos de la guillotina política y social, implacable si los elegidos no están, con hechos relucientes, a la altura de los compromisos contraídos, el domingo, y de las esperanzas de nuestro pueblo.
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