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Primera fila: Un cuento de Costa Risa Arnoldo Rivera J. arivera@nacion.com Redactor De algún lugar de un gran país llamado Costa Risa, un día de tantos apareció un personaje que nadie tomaba en serio. Don Aferrado era su nombre y se involucró con el campeonato de bola, pues tenía un equipito de pueblo; mas un día de tantos le dieron de baja como dirigente de ese equipito y de todo lo que tuviera que ver con la bola. Y resultó ser más vivillo (no inteligente) de lo que se imaginaban los demás: hizo "amarres" por acá y por allá y se metió como presidente del opaco Comité de Deportes de Costa Risa. Lo apoyó el Gremio de los Deportistas Grises Costarrisibles, una simpática agrupación cuyo grito de guerra es: "¡Más abajo..., solo petróleo!". Don Aferrado descubrió en ellos una cualidad: le eran leales, pues él les permitiría conocer el mundo ancho y ajeno de la alta competencia deportiva. Así eran felices, aunque pasaban los años y, la puritica verdad, el deporte de Costa Risa seguía sin nada relevante que contar en competencia alguna del ciclo de Juegos Mundiales. Las actuaciones del Gremio de los Deportistas Grises Costarrisibles provocaban lágrimas: de vergüenza, unas; de risa, otras. Solo las hermanas Macha -Mayor y Menor- pusieron a Costa Risa en el firmamento del deporte mundial; mas don Aferrado nunca las quiso porque sus triunfos fueron solo fruto de su esfuerzo, perseverancia y talento. Un día de tantos, un compañero de don Aferrado por fin recuperó la voz -bendito sea el Cielo- y pudo entonces hablar de las cosas que no le gustaban en el opaco Comité de Deportes. ¡Ardía en ganas por ser escuchado! Era comprensible: 12 largos años sin decir ni pío en una silla a la par de don Aferrado fueron una tortura. Como la Providencia le había devuelto el regalo de la palabra, el señor Callado retó a don Aferrado y lo hizo en el campo de mayor valor sentimental para los costarrisibles: el electoral. Don Aferrado recogió el guante y demostró que 20 años como presidente lo habían hecho más vivillo (no inteligente) y por acá y allá hizo sus "amarres". Y, ¿qué pasó? Pues que el señor Callado se quedó "guindando de la brocha" y don Aferrado muy orondo con la presidencia del opaco Comité de Deportes de Costa Risa. Y esta historia se acabó. Lástima.
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