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Investigador pretende que cacao renazca en el país Wilbert Phillips ha dedicado su vida al estudio de la moniliasisEsa enfermedad acabó, en 1978, con los cultivos de cacao en toda Costa Rica Debbie Ponchner dponchner@nacion.com A sus 47 años, Wilbert Phillips Mora es un amante del cacao. Todos los días se come un pequeño pedazo de chocolate con un contenido de al menos el 70% de cacao; así este fitopatólogo satisface al mismo tiempo a su paladar y a su salud, gracias a las propiedades curativas que proporcionan los flavonoides de la semilla. Sin embargo, la afición por el cacao de este costarricense va más allá que la del habitual amante del chocolate. Phillips lleva 22 años dedicado al estudio de ese cultivo de herencia indígena y la moniliasis, enfermedad que acabó con el cacao en nuestro país hace tres décadas y que lo amenaza en otras partes del continente.
Su meta es clara: él busca regresar el cultivo del cacao al país. Su gran contribución al conocimiento del hongo que causa la enfermedad -el Moniliophtera rori-, desde el punto de vista taxonómico, histórico y genético hizo a este investigador del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) merecedor del Premio Nacional de Ciencia, Clodomiro Picado Twight, 2005. Fueron específicamente las investigaciones realizadas durante su doctorado en la Universidad de Reading, Inglaterra, las que lo hicieron acreedor del galardón. Conocer al enemigo. Las tácticas de guerra son claras: la mejor forma de vencer al enemigo es conocer su historia, su forma de actuar y, sobre todo, sus debilidades. Teniendo eso en cuenta, Phillips decidió hallar toda esa información sobre la moniliasis.
Se puso en los zapatos de un historiador, y entre documentos antiguos guardados en bibliotecas colombianas pudo determinar que el origen de la enfermedad está en ese país suramericano cerca del año 1800, y no un siglo después en Ecuador, como se sospechaba. No solo los documentos históricos apoyan la teoría de Phillips. Con la ayuda de la genética, mostró que existen cinco variedades del hongo de la moniliasis, todos con origen colombiano. Algunos son endémicos -nunca salieron de ese país cafetalero- pero otros, a través del movimiento de material de siembra, se esparcieron por otros países de América. Así, los cultivos de Colombia, Perú y Bolivia hoy se ven amenazados por una variedad de la moniliasis distinta a la que acabó con el cultivo en Panamá, Costa Rica y que se ha dispersado hasta tocar los cultivos de México, el año pasado. Phillips determinó, además, que la moniliasis varía el tamaño de sus esporas y el tiempo de incubación en la fruta, según la temperatura y cantidad de precipitación de la zona del cultivo. No obstante, su forma de infección es siempre igual; una espora viaja de un cultivo a través del viento o de un insecto, entra en el fruto y, lo infecta. Luego crea más esporas, listas para infectar a otros frutos. Tan solo un centímetro cuadrado de moniliasis contiene unas 44.000 esporas. "Una sola fruta infectada es suficiente para acabar con la plantación de un país", explicó Phillips. Por su parte, el estudio taxonómico del hongo reveló que la moniliasis es un pariente cercano de la escoba bruja, otro hongo que afecta al cacao, principalmente en Brasil. Lo interesante de este hallazgo es que algunas de las técnicas utilizadas para combatir la escoba bruja podrían funcionar contra la moniliasis.
El regreso del cacao. Desde su oficina en el CATIE, rodeada de campos de cultivo experimental y unos cuantos metros de la Colección Internacional de Germoplasma del Cacao -un museo vivo de unas 850 especies de cacao de todo el mundo-, Phillips confiesa que su deseo es que el cacao regrese a Costa Rica. Pero a él no le basta con desear. De la mano de otras dos decenas de personas, Phillips experimenta en la selección y producción de árboles superiores, resistentes al hongo de la moniliasis. Tras seleccionar plantas que han desarrollado una resistencia natural a la plaga, las cruzan de forma sexual o asexual (a través de injertos) con otras que dan mejores frutos. Eso ha dado origen a más de 100 clones superiores que se encuentran en cultivos experimentales tanto en Turrialba como en la finca La Lola, en la costa caribeña del país. La meta de Phillips y del CATIE es poder proporcionar, en pocos años, material de siembra de gran calidad y resistente a la enfermedad.
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