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En la lucha tenaz Solo nos queda pedir a Dios que, cuando pueda, nos mande más gente como Jorge RossiEladio Jara Jiménez En la lucha tenaz de fecunda labor vivió Jorge Rossi. Siempre estuvo al pie del cañón: en el trabajo, en la industria, en la agricultura, en el servicio público, en la política, en la religión. No se sabe cómo le alcanzaba el tiempo para tantas cosas. En todo en lo que se metía, resultaba ejemplar. Lo conocí en Turrialba hace ya muchos años. Él tenía una finca allá por Santa Teresita, y este escribiente era ingeniero municipal y de Obras Públicas en la zona. El propósito del Gobierno de entonces era llevar caminos hasta las zonas productoras de la riqueza, favoreciendo a quienes cultivaban la tierra. Un día llegó don Jorge a las oficinas municipales para invitarme a visitar la zona de Santa Teresita; allí había una gran producción agrícola y lechera, pero no había camino. Se consiguió un par de caballos y nos fuimos por aquellas tierras tan ricas para la producción de alimentos y tan aislada en esa época. Algunos meses después pudimos abrir por lo menos una trocha y levantar los primeros puentes en la ruta. Su inteligencia y habilidad para vislumbrar el rumbo económico del país lo pudo aprovechar el Gobierno desde el Ministerio de Hacienda, el Banco Central, la Asamblea Legislativa y la vicepresidencia de la República. Es una lástima que no lográramos ponerlo a la cabeza del Poder Ejecutivo. Apego a la ley. En la última administración Figueres (1970-1974) fue vicepresidente con el doctor Manuel Aguilar Bonilla. Un día don Pepe tenía que ir a Estados Unidos, y la Asamblea Legislativa, que debe autorizar las salidas al exterior del presidente, no estaba sesionando. Aun así, don Pepe decidió irse. Llamó a sus vicepresidentes para que alguno se quedara en el cargo. Tanto Aguilar como Rossi se negaron a obedecerlo por cuanto no existía permiso legislativo. Entonces don Pepe dejó al país sin presidente durante tres días. Así era don Pepe. La obra social de Jorge Rossi es desconocida porque él siempre la mantuvo en el anonimato, pero fue él uno de los patrocinadores del colegio Miravalles, donde se albergan tantos estudiantes que disfrutan de sus beneficios. Otra actividad memorable de Rossi fue su fiel servicio a la Iglesia Católica. A mí me invitó algunas veces a las reuniones del Opus Dei, donde se profesaba la santidad por medio del trabajo común y el servicio al prójimo. Este es un cambio fundamental en el ejercicio de la religión. Don Jorge nos ha abandonado y solo nos queda pedir a Dios que, cuando pueda, nos mande más gente como Jorge Rossi. Ojalá que así sea.
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