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Firmeza ante el chantaje La comunidad internacional ha reaccionado con propiedad y firmeza ante la grave amenaza nuclear iraní. Tras una sesión de emergencia que concluyó el sábado, el cuerpo directivo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), máximo organismo de las Naciones Unidas en la materia, decidió, por 27 votos a favor, tres en contra y cinco abstenciones, elevar el caso ante su Consejo de Seguridad. La resolución, que denuncia con severidad la actitud del Gobierno de Irán y destaca la "falta de confianza" en sus intenciones, es un triunfo para la concertación global frente a un reto de perturbadoras proporciones. La solidez del acuerdo no solo la refleja la gran mayoría con que fue aprobado. También es de suma importancia que todos los miembros permanentes y con poder de veto del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia) apoyaron el texto. Su coincidencia de criterios sobre el tema abre un camino más expedito para la siguiente etapa del proceso diplomático: una posible condena y eventuales sanciones si Irán no cambia profundamente su actitud. El aislamiento del régimen de los ayatolás en este caso se pone de manifiesto, además, por los únicos tres gobiernos que rechazaron la resolución: Cuba, Venezuela y Siria, cuya política exterior generalmente está al servicio de las peores causas. Los otros representantes de América Latina (Argentina, Brasil, Colombia y Ecuador) fueron parte de la mayoría. Para mantener abierto un posible espacio de negociación, la referencia del caso al Consejo de Seguridad no será inmediata, sino en marzo, tras la sesión regular de la AIEA. Desgraciadamente, es difícil esperar un cambio de la actitud iraní en ese lapso. Tan pronto se hizo pública la resolución, su Gobierno anunció que cesaría "de inmediato" la colaboración "voluntaria" con la Agencia, y que comenzaría el enriquecimiento de uranio a gran escala, lo cual puede conducir tanto a la producción de electricidad como de bombas nucleares. Pero hay antecedentes aún más inquietantes que este anuncio. Dos años y medio de negociaciones con Alemania, Francia y Gran Bretaña, que ofrecieron generosos incentivos y concesiones a cambio de que cesara el programa, terminaron en fracaso, después que asumiera el poder el presidente radical , aún más dependiente que su antecesor de la teocracia que, realmente, controla el poder. Una reciente oferta del presidente ruso, Vladimir Putin, para que los iraníes enriquecieran uranio en su país y, de este modo, asegurar que no le darían fines bélicos, fue rechazada. Y hace pocos días la AIEA afirmó en un informe que Irán tiene un manual de instrucciones para fabricar componentes de armas nucleares. El mundo está, desgraciadamente, ante un régimen extremista que parece totalmente determinado a seguir adelante con su chantaje, al que suma como arma su gran riqueza petrolera. Ya los iraníes han declarado que, si llega a producirse una resolución adversa de la ONU, reducirán su producción de hidrocarburos, lo cual redundará de inmediato en un mayor aumento de precios. Todo el cúmulo de amenazas, en lugar de frenar la determinación de la comunidad internacional, debe darle aún más ímpetu: si, cuando todavía no tiene armas nucleares, el comportamiento de Irán es tan agresivo, ¿a qué no podría llegar si alguna vez las tiene? Esto no podrá lograrlo antes de cuatro o cinco años, en vista del grado de desarrollo de su programa, lo cual da un margen de tiempo suficiente para seguir con la estrategia diplomática, de la cual, esta vez, Estados Unidos es un activo participante. El siguiente paso de ese camino serían las sanciones económicas. No se puede descartar, además, la difícil posibilidad de algún cambio interno en el régimen, que conduzca a un replanteamiento de su postura. Si todo lo anterior fracasa, sin embargo, la posibilidad de una acción más directa no puede descartarse; sería precisamente el costo necesario a pagar por evitar consecuencias devastadoras en el futuro.
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