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El cajón de diablo

Pese a la buena intención de los creadores, la televisión es un arma sumamente peligrosa

Osvaldo Corrales Jiménez
osvaldocorrales@costarricense.cr


En una ocasión escuché decir a un señor que la televisión era el "cajón del diablo". Al principio, la expresión me pareció risible, pero después profundicé en ella y me convencí de la verdad.

Y es que no es secreto que ese medio es arma de doble filo pues, si quienes inventaron los receptores y los sistemas de trasmisión lo hicieron con buena intención, pronto otras personas se valieron para diseminar toda clase de envilecimiento, perversión y antivalores morales. Nos recetan erotismo, pornografía y música soez mañana, tarde, noche y madrugada, sin tregua.

Lástima que la mayoría de los medios de comunicación no den más espacios a los documentales instructivos y a los programas de índole espiritual para fomentar los buenos valores. Y es que, al parecer, ignoran su deber espiritualizador, tal como amonesta la Iglesia.

Deber moral. Por eso al menos en el decreto pontificio Inter Mirificat, en el punto 11 se declara: "Muy principal deber moral, en cuanto al recto uso de los medios de comunicación social, incumbe a los periodistas, escritores, actores, guionistas, realizadores, exhibidores, distribuidores, empresarios y vende- dores, críticos y a los demás que de algún modo intervienen en la realización y difusión de las comunicaciones; pues es de toda evidencia la trascendencia y gravedad de su cometido en las actuales circunstancias humanas, ya que, informado e incitando, pueden dirigir rectamente o hundir el género humano".

Misión suya es, por tanto, compaginar las cuestiones económicas, políticas o artísticas, de modo que no dañen el bien común; para lograr esto más fácilmente, bueno será que se asocien profesionalmente -incluso si fuera necesario mediante el compromiso de observar un código moral- en aquellas entidades que impongan a sus miembros el respeto a las leyes morales en las empresas y quehaceres de su profesión.

Recuerden en todo momento que la mayor parte de los lectores y espectadores está compuesta de jóvenes necesitados de prensa y espectáculos que les ofrezcan ejemplos de moralidad y los estimulen hacia sentimientos elevadores. Procuren, además, que las materias concernientes a la religión se confíen a personas dignas y expertas y se traten con la debida reverencia.

Peculiares deberes. Después el numeral 12, refuerza: La autoridad civil tiene peculiares deberes en esta materia en razón del bien común al que se ordenan estos instrumentos. Pues a tal autoridad, en función de su oficio, corresponde defender y tutelar una verdadera y justa libertad de información, enteramente necesaria a la sociedad moderna para su provecho, sobre todo en lo que atañe a la prensa; favorecer la religión... Téngase un especial cuidado en proteger a los más jóvenes de la prensa y de los espectáculos perniciosos para su edad.

Pero, a la par de la televisión, en las últimas décadas también ha aparecido otro cajón del diablo: la computadora con su Internet, donde es muy fácil hacer contactos al servicio de la pedofilia, la prostitución y el homosexualismo. Y, aunque suene puritano criticar esos aspectos, es, sin embargo, una realidad.

Cabe insistir, como de costumbre, en que entes como la Cámara de Televisoras y la Oficina de Control de Radio y Televisión están obligados a ejercer control serio de la calidad de programación televisiva; sin embargo, hacen poco o nada para corregir los excesos mencionados.

Entonces, no se sabe hasta cuándo alguien o algunos se atrevan a ponerle el "cascabel al gato".

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