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El terremoto Hamás

Por primera vez, un reloj político está haciendo tic tac por Hamas

Mkhaimar Abusada
Mkhaimar Abusada es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Al-Azhar de Gaza


Copyright: Project Syndicate, 2006. www.project-syndicate.org Traducido del inglés por Carlos Manzano.

La aplastante derrota de Al Fatah en las elecciones coloca al pueblo palestino ante una encrucijada. Un partido político islámico que antes se había abstenido de la política nacional y que rechaza la política de Al Fatah de negociaciones con Israel está ahora al mando de Palestina.

Hamás obtuvo 76 de los 132 escaños en el Consejo Legislativo Palestino y puede contar con el apoyo de cuatro diputados independientes. En total, es el 60 por ciento de los escaños del Parlamento, obtenidos en casi todos los distritos de la Ribera Occidental y Gaza. Hamás no ha entrado en la política electoral hasta hace poco, pero su sólida victoria fue precedida de un gran éxito en las elecciones municipales. Ha llegado el momento político de Hamás.

Conforme a la legislación palestina, Mahmoud Abbas, el presidente palestino, debe pedir ahora a Hamás que forme un nuevo gobierno. Por su parte, los funcionarios de Al Fatah no parecen dispuestos a participar en un gobierno dirigido por Hamás. Aunque éste ha dicho que procuraría formar esa coalición, la humillante derrota de Al Fatah lo ha dejado con poco crédito como socio de gobierno. Hasta ahora, los dirigentes superiores de Al Fatah han declarado que serán una oposición leal en el Parlamento y dejarán la responsabilidad gubernamental a Hamás. En cambio, tendrán que centrarse en reconstruir y revigorizar Al Fatah.

Hamás es perfectamente consciente de la conmoción que ha producido su victoria. Si Al Fatah se niega a participar en la coalición, Hamás puede optar por un gobierno de independientes y tecnócratas. No es probable que Hamás forme un Gobierno compuesto de partidarios de la línea dura. Las circunstancias políticas, económicas y de seguridad de los palestinos requieren un gobierno centrado en resolver problemas, no en la pureza ideológica.

Desorden y anarquía. El problema más urgente que afronta el nuevo gobierno es el desorden y la anarquía en toda la sociedad palestina. Los asesinatos, los secuestros y las extorsiones han alcanzado dimensiones sin precedentes. Los individuos armados recurren a los secuestros para obtener puestos de trabajo, liberar a miembros de su familia de la cárcel y cobrarse venganza.

Con frecuencia, las personas implicadas en esos delitos pertenecen a bandas locales o incluso a las milicias de grandes clanes. En la oposición, Hamás se negó rotundamente a recoger las armas ilegales. Ahora, tendrá que tratar de una sociedad palestina que está armada hasta los dientes, con tasas de pobreza que alcanzan el 70 por ciento y un desempleo del 30 por ciento.

Tras haberse beneficiado del rechazo político abrumador a Al Fatah, ahora Hamás será juzgado por su uso de la nueva autoridad. Por primera vez, un reloj político está haciendo tictac por Hamás. Los funcionarios superiores de Hamás conocen perfectamente el problema y han prometido una revisión completa de los servicios públicos y la administración palestinos. En los próximos meses se calibrará, más que ninguna otra cosa, el éxito de Hamas en función de su actitud ante estas cuestiones.

¿Podrá Hamás erradicar la corrupción y la incompetencia y prestar servicios de forma justa y eficiente? ¿Cómo afectará su elección a las corrientes de ayuda extranjera de Palestina, que constituyen el componente más importante del presupuesto nacional?

La reacción internacional inicial ante la victoria de Hamás ha sido severa. El gobierno de Bush ha declarado que no tratará con el gobierno de Hamás, porque este sigue comprometido con la destrucción de Israel. Ese es, en verdad, el lenguaje del pacto de Hamás de 1988.

Terreno desconocido. Sin embargo, resulta interesante que la plataforma electoral de Hamás combinara diferentes planteamientos para la cuestión del Estado palestino. Por una parte, Hamás accedió por primera vez a la creación de un Estado palestino en la Ribera Occidental y Gaza, con su capital en Jerusalén oriental. Por otra parte, la plataforma repite la negativa de Hamás a renunciar a un solo centímetro de la Palestina histórica.

Ahora resulta imposible decir si se podrá transformar a Hamás en una organización más moderada, pero está claro que ahora es vulnerable ante la opinión pública y, como autoridad gobernante, tendrá que abordar la reacción ante su victoria. Inmediatamente después de las elecciones, un funcionario superior de Hamas, Mahmoud Al Zahar, dijo que Hamás mantendría la tregua con Israel iniciada el pasado mes de febrero, si Israel hacía lo propio. Puede que con ello quiera decir que no provocará a Israel. Tal vez sus deberes de gobierno inciten a Hamás a celebrar conversaciones en serio con los Estados Unidos y la comunidad internacional.

En cualquier caso, pese a los resultados de las elecciones e incluso sin la participación de Al Fatah en el gobierno, Abbas sigue a cargo de las negociaciones con Israel. Se ha apresurado a pedir una reanudación de las conversaciones de paz, aunque Israel, como los Estados Unidos, se ha negado a tratar con Hamás.

Los palestinos se han internado por un terreno desconocido. Acudieron en masa a votar en unas elecciones que el expresidente Jimmy Carter calificó de correctas, justas y libres de violencia. Eligieron a un partido que pedía "reforma y cambio" como reacción ante un decenio de violencia y desorden y los palestinos aceptaron la opinión de Hamás de que con las negociaciones basadas en los Acuerdos de Oslo no se podían lograr los derechos palestinos ni sus ambiciones políticas.

Una vez lograda la victoria, Hamás se hará cargo de la responsabilidad del bando palestino en el conflicto palestino-israelí. Con el futuro de los palestinos en juego -por no hablar del futuro de Israel y de Oriente Medio-, nadie puede decir si Hamás está preparado para hacer esa tarea.

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