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Socialismo, capitalismo y nueva izquierda

la raíz del ascenso de la nueva izquierda la constituye la lógica del capital

Fernando Araya
consulfe@hotmail.com


El ascenso de la izquierda en varios países de América Latina constituye un hecho que evidencia los vacíos de la propuesta socio/económica impulsada en los últimos veinticinco años; conviene tener presente, además, que en el origen de este repunte no se proclama la existencia de una ciencia - algo que era común escuchar entre 1960 y 1980 -, sino la presencia de una indignación moral frente a la corrupción de una parte considerable de las élites gobernantes y la incapacidad de los operadores públicos para disminuir la desigualdad. La inclusión social de los excluidos y la reinserción de la ética en la política conforman, entonces, dos componentes necesarios de la acción colectiva en América Latina que, en el caso de la izquierda, constituyen los insumos básicos de sus renovados andamios.

Los movimientos que han ganado las elecciones en Brasil, Argentina, Chile, Bolivia y Uruguay, y crecen en Perú y México, son bastante más complejos, heterogéneos y versátiles que las izquierdas tradicionales, marcadas por un espíritu militante, rígido, apocalíptico y mesiánico que las inclina a sacrificar la vida presente en aras de un futuro paradisíaco, algo que, dicho sea de paso, reproducen, con otros lenguajes y sensibilidades, los profetas del mercado perfecto y el estado mínimo. Los extremos se tocan.

A diferencia de lo ocurrido con la vieja izquierda, buena parte de las izquierdas políticas, en Europa y América Latina, incorporaron en su ideario el bagaje democrático/liberal y revaloraron en términos positivos las economías de mercado, con lo cual abandonaron el postulado que sostenía la existencia de una contradicción insalvable entre el carácter social del proceso de producción y la naturaleza privada de la apropiación de la riqueza. Al conducirse de este modo las nuevas izquierdas latinoamericanas descubrieron lo que muchos años antes habían señalado movimientos análogos en Europa: la posibilidad de sintetizar apropiación privada de la riqueza y carácter social de la producción.

Nueva orientación. Este hecho reorientó a la mayor parte de los movimientos de izquierda hacia el centro político y les hizo olvidar su excesivo teoricismo en torno al vocablo "socialismo", lo que explica uno de los rasgos básicos de la nueva izquierda latinoamericana: su ascenso político se basa en una serie de prácticas exitosas en busca de una teoría o, en su defecto, sin teoría explícita alguna.

Es, entonces, claro que no estamos en presencia del retorno de la vieja izquierda, sino del ascenso de movimientos cuyo propósito es la inserción del mercado y de las instituciones democrático/liberales, en estructuras que privilegien la reivindicación cultural y socioeconómica de los excluidos. Este objetivo supone el desarrollo de sociedades capitalistas y de fuerzas sociales flexibles y pragmáticas, la lógica del capital - que no es una teoría, sino un conjunto de prácticas de generación y acumulación de riqueza- es la raíz del ascenso de la nueva izquierda; esto es así, incluso, en el caso de un posible neoestatismo que no vaya a evolucionar hacia formas dictatoriales de gestión política.

Finalmente, conviene señalar que ningún desplazamiento político, sea hacia el centro, la derecha o la izquierda, superará el subdesarrollo, si no es capaz de erradicar la costumbre de obtener rentas privadas bajo la protección del poder público, cuya historia en América Latina se remonta a las sociedades indígenas y la colonización hispana. Las prácticas asociadas a esta mercantilización y feudalización de las relaciones políticas, convierten cualquier discurso en una simple mascarada. Superar o no estas prácticas, que transforman el bien común en una pantomima, es el dilema de las sociedades latinoamericanas. ¿Podrá la nueva izquierda resolverlo o, por el contrario, sucumbirá en el intento? El tiempo, que todo lo descifra, pronto ofrecerá una respuesta.

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