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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com ¡Y se hizo la luz! Cuando Ottón Solís, candidato presidencial del Partido Acción Ciudadana(PAC), sentía que no avanzaba en las encuestas, echó mano del peor de los argumentos: negar la validez de los datos, o bien, suponer, tras ellos, una especie de conspiración, particularmente de La Nación. Otros, aun profesores universitarios, denunciaron a coro la manipulación de la prensa. Sin embargo, al publicarse ayer los resultados de la encuesta de Unimer para La Nación, cuyos datos coinciden con otros estudios del mismo género, en otros medios de comunicación, se pasó del escepticismo y la descalificación al milagro de la aceptación, y casi proclamación, de los resultados. ¿Por qué este cambio tan abrupto? Por la sencilla razón de que la encuesta de ayer, a diferencia de la publicada el domingo pasado, anuncia que Solís acorta la ventaja en relación con Arias y que, por primera vez, despunta una leve posibilidad de segunda ronda. El tema es, más que todo, moral. No se debe negar a priori, al calor de la propia conveniencia o interés, la solidez técnica de una encuesta o de un estudio de opinión, realizado por profesionales competentes y honrados, excepto que se pruebe la falsedad, inexactitud o dolo de dicha investigación. Al aceptarse o descalificarse las conclusiones de un estudio, según el interés propio, no se da testimonio, por cierto, de un acto de coherencia. Este proceder se llama oportunismo político, causa, por cierto, de graves consecuencias en el ejercicio del poder. El principio de "dos pesos, dos medidas" no es correcto. Excelentes o, quizás, menos buenas, lo cierto es que una encuesta profesional representa una valiosa fuente de información en un momento histórico determinado. Tanto para Ottón Solís como para Óscar Arias, y ¿por qué no? para los otros candidatos más visibles, la publicada ayer les proporcionó, gratuitamente, datos significativos para su batalla final, en cuanto a la carrera presidencial y la de los diputados. El argumento, por lo tanto, de la manipulación de las encuestas o de la conspiración de la prensa profesional e independiente, con el propósito de encubrir o desviar los hechos, revela, además de oportunismo, inmadurez e irrespeto a la opinión pública. Ha caído el telón y el domingo próximo hablará el pueblo. Cualquiera sea el veredicto, debe aceptarse sin evasivas. Atrás deben quedar quienes, llevados del odio, han estado proclamando fraudes o han estado anunciado, para su regocijo, la agonía de la patria. Medio siglo de sólida democracia merece lo mejor.
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