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Contra la Iglesia

El principio de "nobleza obliga" a veces es pesado, pero es mejor no olvidarlo

Mauricio Víquez Lizano
Presbítero

Hace algunos días tuve ocasión de comentar en detalle la exhortación pastoral de la Conferencia Episcopal de Costa Rica titulada Democracia, política y honestidad. Un documento propositivo y equilibrado de gran valor y con una serie de ideas esenciales que de ninguna manera conviene obviar en este momento de nuestra historia patria.

El 31 de enero, monseñor José Francisco Ulloa nos ha regalado otro mensaje harto valioso titulado El voto, expresión de amor a la patria. Unas líneas que no podemos dejar pasar. Un texto breve por medio del que se invita a todos los costarricense a la urnas.

Este mensaje de monseñor Ulloa llega en un momento muy oportuno. Se da a la tarea de pedir a cada ciudadano hacer lo posible para proceder, absteniéndose de la irresponsable actitud de no asistir a votar. Convoca, por tanto, a la participación masiva el 5 de febrero. El obispo de Cartago dice literalmente lo que sigue: "Hago una invitación a todos los costarricenses para que, con nuestro voto, participemos activamente de esta Jornada Cívica, como una expresión de nuestro anhelo por vivir intensamente los valores de paz, solidaridad, justicia y libertad y así, aportar en la construcción de la Costa Rica que todos queremos".

Amor a la patria. "Este domingo 5 de febrero", dice el presidente de la Conferencia Episcopal en otro lugar de su mensaje, "los ciudadanos tendremos la gran oportunidad de expresar nuestro amor profundo a la patria y, con nuestro voto, unir esfuerzos. juntos. jóvenes. mujeres y hombres patriotas".

Una típica y bien hilvanada exhortación de un ciudadano y pastor que, en clave positiva y optimista, siente el deber de animar, convocar y plantear metas.

Sin embargo, no todo ha sido luces últimamente. En estos días diversos medios electrónicos, extremadamente poco imparciales, han difundido un texto que no puede merecer calificativos ni siquiera parecidos a los que asociamos a los documentos arriba citados.

Firmado por el obispo emérito de San Isidro de El General y con el título Silencios culpables, se han dado a conocer unas líneas que nos han parecido de todo menos prudentes. Rozando con lo ofensivo e indicativa en extremo, se trata de una nota inapropiada a todas luces.

Flaco favor. En este momento tan cercano al llamado "día E" resulta meridianamente claro que este tipo de escritos no ayudan en nada a nadie. El ambiente preelectoral se enrarece y flaco favor se hace a la voz iluminadora de la Iglesia que hasta ahora, prácticamente sin excepciones, ha sido prudente y formativa.

Corregir el renglón a la misma Sala Constitucional es arriesgado. Tender al juicio apresurado resulta injusto. Presentar determinadas opiniones que esperan ser directivas para los fieles no es demasiado conveniente y, finalmente, ofrecer un tono apocalíptico para anunciar el irremediable hundimiento de la patria resulta totalmente fuera de lugar.

Ciertamente, y como es notorio, no me agradaron las líneas de monseñor Trejos difundidas por la ANEP y otras organizaciones el pasado 31 de enero. El principio aquel de "nobleza obliga" a veces es pesado, pero es mejor no olvidarlo y muchísimo menos en estos momentos y por aquellos a quienes corresponde tenerlo siempre presente.

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