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Un gobierno con poder

La fragmentación del poder causa ingobernabilidad, problemas y crisis

Édgar Mohs Odio

La mayor parte de los ciudadanos seguramente están de acuerdo en que si votamos por un determinado candidato para la presidencia de la República, debemos dotarlo de poder para que pueda llevar a cabo el programa de gobierno que fue precisamente el que nos convenció a votar por él. Si no procedemos así, estaríamos eligiendo a un presidente que no podrá gobernar y muchos urgentes e importantes asuntos nacionales seguirán sin resolverse. Desde hace siglos, se sabe que para gobernar se necesita contar con suficiente poder, toda vez que la historia repetidamente demuestra que, cuando los gobiernos carecen de ese poder, lo único que hacen es acumular problemas y caer en profundas crisis de ingobernabilidad; de hecho, Fukuyama asevera que esta es una de las causas importantes del subdesarrollo y Bull afirma que así se originan las sociedades anárquicas.

Nuestra experiencia reciente ratifica lo anterior, en las elecciones del 2002 el pueblo costarricense eligió presidente al doctor Abel Pacheco de la Espriella en una segunda vuelta, pero fragmentó el poder en la Asamblea Legislativa, dividiendo el voto electoral entusiasmado por el espejismo del multipartidismo. Aun cuando la intención fue sana al pensar que un acuerdo entre muchos partidos podría ser más fuerte que uno entre dos o tres partidos, en la práctica este experimento político resultó un terrible fracaso porque nunca pudo lograrse un solo acuerdo, y todo el país ha sufrido las consecuencias de ese error.

Como ahora mismo nos encontramos frente a otro proceso electoral, tenemos la obligación de recordar ese descalabro para no tropezar de nuevo con la misma piedra. Dado el cúmulo de problemas que tenemos, Costa Rica necesita un Presidente capaz y con experiencia y un gobierno con poder.

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