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Los huecos del Conavi Armando Mayorga amayorga@nacion.com La falta de planificación y el derroche de dinero público en el Consejo Nacional de Vialidad (Conavi) parecen ser una historia de nunca acabar. Por más estudios que ha hecho la Contraloría General de la República sobre la tambaleante gestión del Conavi en la construcción de carreteras y el arreglo de huecos, el Gobierno no pasa de "girar instrucciones", dizque para corregir las fallas..., y las fallas siguen. Palabras, nada más, porque el Conavi ha demostrado ser mucho más eficiente para construir burocracia, que hacer o mejorar carreteras. La prueba la dio la Contraloría al descubrir que el Consejo solo terminó 47 de 81 proyectos viales emprendidos entre el 2002 y el 2004. El porqué de tal fracaso lo identificaron los investigadores: falta de planificación, la cual tiene otra grave consecuencia: derroche del poco dinero que le gira Hacienda. Pero eso no es todo. Resulta que a nadie en el Conavi se le ocurrió poner controles a la compra de asfalto a empresas constructoras de carreteras. Tuvo que ser el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme), de la UCR, el que descubriera que las vagonetas, entonces, cargaban menos toneladas que las que certificaban... Y cada tonelada cuesta unos ¢40.000. Y, en algunas vagonetas, las constructoras de siempre olvidaron echar hasta tres toneladas. Con razón, en el Conavi ven a los del Lanamme con malos ojos porque les deja al descubierto sus torpezas e ineficiencias. Precisamente, a algunas de esas constructoras, el Conavi las premió ahora con la adjudicación de 22 contratos para arreglar huecos durante tres años. ¿Por qué contratos tan a largo plazo a solo cuatro meses de un cambio de Gobierno? ¿Por qué no delegar a la próxima administración la decisión de a quién contratar? De esa forma, los jerarcas del MOPT, del Conavi, con el visto bueno de la Casa Presidencial, amarran al próximo Gobierno a ciertas constructoras que han incumplido contratos y dejado obras tiradas. Eso podrá ser legal, pero éticamente hace dudar de las buenas intenciones que pregona el Gobierno. Tanta carretera mala, tanta obra fallida, tanta torpeza, obligan al gobernante que entre el 8 de mayo -porque el de hoy ya tiró la toalla- a arreglar los huecos, comenzando por los que hay en la estructura del Conavi.
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