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El especialista: Desarrollo energético José María Blanco Ingeniero La necesidad de impulsar los mercados de eficiencia energética requiere introducir tecnologías eficientes a través de mecanismos financieros innovadores como ahorros compartidos, empresas de servicios energéticos y el leasing. Sin embargo, la falta de experiencia de la banca comercial -y del sector financiero- en relación con el apoyo crediticio a este tipo de proyecto limita las oportunidades de negocios en relación con el tema de la eficiencia energética. Por ejemplo, entre el año 1990 y el 2000 las compañías eléctricas en la Unión Europea brindaron incentivos a los usuarios para ejecutar medidas de ahorro energético. Estas acciones se financiaron con un impuesto del 2,5% a la facturación de los consumidores finales como parte de un plan ambiental. En el caso de Costa Rica, la figura del fideicomiso para el financiamiento de desarrollos hidroeléctricos ha demostrado a los pequeños inversionistas que es un producto atractivo en el mercado financiero. Ese mecanismo se utilizó con buen suceso en los proyectos Peñas Blancas y Cariblanco; entonces, porqué no introducir también un nuevo instrumento de mercado para el financiamiento energético: el certificado de ahorro. Esto permitiría que las empresas eléctricas promuevan medidas de eficiencia energética mediante una coinversión con los usuarios finales. Una propuesta de este tipo permitiría que cada kilovatio equivalente de capacidad instalada ahorrada -lo que se conoce como el "negavatio"- pueda recibir un "certificado" que además tenga la opción de poder transarse en el mercado bursátil. Los cálculos preliminares permiten estimar el costo del "negavatio" entre $300 y $500, dependiendo de la medida de eficiencia energética, mientras que un kilovatio nuevo instalado cuesta en promedio $2.000. En consecuencia, aquellas empresas eléctricas que deseen estimular el ahorro de energía entre sus consumidores pueden comprar -a través del fideicomiso- los "negavatios" que pagan a un costo menor en comparación con la inversión evitada en nuevas plantas de generación. Los aumentos importantes en la demanda de energía permiten considerar que los certificados de ahorro energético se pueden colocar y negociar a voluntad en la Bolsa de Valores. Ello ofrecería una excelente oportunidad de financiamiento para desarrollar los mercados de eficiencia y estimular formas de negocios entre el sector público y el privado.
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