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Los granos de la discordia

Solo cabe esperar que la nueva administración guíe sus pasos en la búsqueda del bien común

Velia Govaere Vicarioli

En la antesala de un nuevo gobierno nada es más natural que la esperanza colectiva. Votamos como individuos pero soñamos socialmente. Una parte de nuestra escogencia política la realizamos en calidad de miembros de sectores sociales, grupos de interés y clase social. Cada sector deposita en las urnas una ilusión conexa a beneficios especiales.

El ciudadano como tal palpita también en las huellas dactilares de cada costarricense que acude a las urnas. El ser costarricense colectivo y su visión de nación y del bien común, no siempre está en armonía con los intereses que el votante tiene como miembro de un grupo de intereses particulares. El nuevo gobernante tendrá que enfrentar esos conflictos de interés y es su obligación, como presidente de todos, velar por la hegemonía de los intereses nacionales para que el beneficio de un segmento de la sociedad no se produzca en detrimento del bienestar de la mayoría de los costarricenses.

No es posible satisfacer todos los gustos y, al mismo tiempo, velar por el bien común. Las postrimerías de una administración que intentó esa misión imposible y quedó paralizada, es la mejor demostración de lo fútil de ese empeño. Hay que tomar decisiones de relevancia nacional y estas inevitablemente chocan con las expec- tativas de algunos. Igual disyuntiva enfrentan los negociadores de un tratado comercial internacional. A la hora de juzgar los resultados de un acuerdo el país necesita hacer un balance entre los efectos globales y supuestos perjuicios particulares.

Ese criterio debemos aplicar a la reciente polémica acerca de las secuelas que tiene la reciente negociación del DR-CAFTA para el sector del arroz. Este caso concreto permite juzgar al DR-CAFTA por encima de ideologías ofreciendo, al nuevo gobernante, elementos decisivos para tomar decisiones. Escribo este artículo en mi calidad técnica de especialista en Comercio Exterior y lo hago encima de doctrinas, credos y filosofías políticas.

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El privilegio de Conarroz. Costa Rica produce menos del 50% del arroz que consume. La legislación permite a CONARROZ el privilegio de importar el grano faltante sin pagar aranceles. Eso equivalió, en 2005, a tres veces más de lo que se produjo nacionalmente y lo vendió CONARROZ con un sobreprecio de más de 35% por encima de lo que le costó.

Las pequeñas sardinas sirven apenas de escudo al tiburón. 33 grandes empresas productoras (algunas propiedad de un mismo dueño) se repartieron más del 50% de las ganancias generadas, no de producir, sino solamente de importar con protección estatal. Gracias a este esquema el precio del arroz subió un 75% en los últimos tres años. Según la Contraloría General de la República, en CONARROZ se distribuyeron utilidades por más de C$2900 millones en el 2004.

Las jugosas ganancias así generadas se distribuyen entre productores e industrializadores del arroz. Estos tienen derecho a recibir su parte de la ganancia solo si garantizan que han comprado primero toda la producción nacional. La venta total de la producción nacional está garantizada. La importación extranjera de arroz no compite con la local, que es vendida totalmente antes de que se importe un solo grano.

Al negociar el DR-CAFTA el sector arrocero nacional participó activamente y presentó propuestas de lo que, a su juicio, debía ser la posición negociadora nacional: lo primero, el requisito de desempeño existente que obliga a comprar la producción nacional de arroz, antes de importar y, lo segundo, garantizar que CONARROZ pudiera importar arroz sin aranceles y vender como si los hubiera pagado.

Salvaguardia agrícola. Otros puntos de su agenda consideraban la posibilidad de aplicar una salvaguarda agrícola dentro del DR-CAFTA; una cuota de importación a EE. UU. que colocara sus importaciones por debajo de las actuales y que las importaciones fuera de esa cuota no se sujetaran a la desgravación arancelaria.

Todo eso fue negociado y obtenido. Según los resultados de la negociación, se mantiene el requisito de desempeño y se obliga a comprar la producción nacional para poder tener acceso a importaciones de arroz. Se establece una cuota de importación de arroz de Estado Unidos de 50 000 TM de arroz granza y 5000 TM de arroz pilado, menos del 20% de las importaciones realizadas en el 2005. Se acordó un período de desgravación arancelaria de 20 años. Durante los primeros 10 años opera un plazo de gracia durante el cual el arancel se mantiene exactamente igual que a hoy, y se estableció una salvaguarda especial agrícola que se activa automáticamente, elevando el arancel al nivel máximo permitido cuando las importaciones fuera de cuota rebasen el 5% de ese contingente.

Como se ve, se logró negociar absolutamente todos los puntos que solicitó el sector arrocero. Después de haber logrado todo lo solicitado los arroceros empezaron a argumentar que el período de 20 años era insuficiente. Pero como esto no es un tango, la tesis de Carlos Gardel de que "20 años son nada" tuvo poco eco en la opinión pública. Sin embargo, los consumidores, tendrán que esperar esos 20 años para poder ver una disminución en el precio del principal producto de la canasta básica. Después vino el tema de las salvaguardias generales. En fin, es cosa de no acabar.

Al nuevo gobernante le esperan sectores, como los arroceros, que quieren, es natural, más concesiones que les beneficien. Lo espera también Costa Rica, ese emblema de comunidad nacional, que aguarda decisiones que han sido una y otra vez postergadas.

Cada decisión creará insatisfacciones. Cada indecisión golpeará a todos, como lo hemos constatado estos últimos cuatro años. Solo nos cabe esperar, a técnicos y especialistas en diversas políticas públicas, que la nueva administración guíe sus pasos en la búsqueda del bien común, con la fuerza y la entereza que han escrito las mejores páginas de nuestra historia. Eso es lo que la patria sueña cada vez que hace una fiesta electoral. Por eso mismo es una gran fiesta. En el silencio de las urnas cada vez pensamos: ¡Esta vez sí; esta vez. tal vez!

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