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Un nuevo destino nacional Construir respuestas requiere también la contribución y la buena fe de los perdedores las urnasSaúl Weisleder Encontrar nuestro sitio en el mundo globalizado: en eso consiste el desafío que hoy encaramos como nación. Si bien don Beto Cañas no deja de tener razón cuando sostiene que la globalización comenzó con Cristóbal Colón, los fenómenos históricos van teniendo características propias y específicas que es necesario desentrañar para encontrar las ideas y las políticas que permitan actuar de modo concreto e inteligente y construir así la sociedad a la que aspiramos. Cuando, a principios de la década de 1940, Calderón Guardia se alía con Manuel Mora y monseñor Sanabria para realizar la reforma social de esos años, el mundo estaba viviendo la más terrible de las guerras conocidas, al final de la cual, más de 50 millones de seres humanos habían muerto, incluidos seis millones de judíos, gitanos y otros grupos humanos masacrados por la bestia nazi. Demente idea. La confrontación entre las democracias occidentales aliadas al comunismo soviético y el totalitarismo nazifascista expresa múltiples contradicciones y conflictos, pero esencialmente se trataba de detener y enfrentar la demente idea de construir un "reino de mil años" a cargo de los ejércitos y turbas promotores de la "pureza racial aria" y su afán de someter a sangre y fuego, primero a Europa y después al resto de la humanidad. Churchill, el más grande entre los grandes de la época, nos salvó de ese oscuro destino. En ese contexto, fueron posibles las reformas que hicieron avanzar nuestra aún limitada democracia. Cuando el mundo se confrontaba entre un régimen capitalista de democracia liberal y un capitalismo de Estado gobernado dictatorialmente, América Latina tuvo el espacio para intentar un "modelo de desarrollo hacia dentro", con múltiples formas y versiones. En Costa Rica, el proyecto social demócrata surgido de la Revolución de 1948 profundiza la democracia política y, construyendo sobre las conquistas del pasado, logra que avance una incipiente industrialización. Unida a reformas en lo agrícola rural, constituye la base para desarrollar un régimen de instituciones sociales (especialmente con la universalización de la salud pública y la ampliación del acceso a la educación, incluida la universitaria). Con esto, se coloca a la vanguardia del desarrollo humano en el mundo subdesarrollado. Estas sólidas bases, junto a la ayuda norteamericana otorgada por razones fundamentalmente geopolíticas, y que se manifiesta en apertura económica de su mercado y el flujo de recursos líquidos, le permiten al país sortear la crisis de principios de la década de 1980 y la quiebra del modelo de crecimiento hacia dentro, del modo más exitoso entre todos los países de la región, sin grandes traumas sociales y preservando la democracia política prácticamente intacta. A los logros sociales anteriores se agrega un sólido programa de vivienda popular y la marcha paulatina pero sistemática hacia la diversificación económica. Con el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz al presidente Arias, el país entra en una etapa en la que puede hacer, de sus virtudes en desarrollo social y ecológico, su principal fortaleza para el despegue turístico. Y aquí estamos. Acabada la "guerra fría", inaugurada la guerra del terrorismo fundamentalista, los intereses geopolíticos de EE. UU. viran. El ascenso del Oriente como región económica, la ampliación de la Unión Europea y la agresiva lucha por la conquista de los mercados globales, especialmente por grandes conglomerados económicos, nos plantean serios desafíos que, comenzando por lo económico como base indispensable de cualquier progreso (¡así es el mundo!), implican desentrañar un proyecto nacional que pueda servir para acelerar el progreso social, no solo eliminando la pobreza, sino construyendo verdaderas oportunidades educativas, culturales, ambientales, tecnológicas, que respondan a las expectativas y necesidades de los jóvenes, en un mundo cuyas fronteras políticas se fortalecen, mientras las fronteras informativas y de aspiraciones caen pulverizadas con la tecnología. Parece que el país va a optar inteligentemente por una opción política y de gobierno que, preñada de realismo, ofrece las respuestas más sensatas, cuerdas y concretas a las aspiraciones de las mayorías. También en el pasado fueron hombres y mujeres los que dieron respuestas a los desafíos: tenemos la democracia como mecanismo civilizado de resolver nuestras diferencias; pero la democracia no acaba con la elección de las nuevas autoridades, paso esencial. Esta vez, más que nunca en 50 años, construir respuestas lo más acertadas posible, requiere también de la contribución y la buena fe de los perdedores en las urnas. Con la orientación sensata del nuevo gobierno y los aportes de esas fuerzas, sabremos responder a los retos.
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