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¿Mayor o menor carga tributaria?

El gasto del Gobierno Central costarricense deberá revisarse y modificarse

Thelmo Vargas


En Costa Rica, actualmente, una gran pregunta que se hacen los ciudadanos es si debe -o no- elevarse la carga tributaria; es decir, el peso de los impuestos respecto al valor de la producción nacional. Quienes favorecen el aumento sostienen que en los países que hoy son ricos los impuestos que recauda el Gobierno son altos, los índices de desarrollo humano también y que, por tanto, quizás exista una relación de causalidad entre una y otra cosa. Y muchos concluyen que, si el país quiere llegar a ser rico, debe elevar los impuestos y pedirle al Gobierno que desempeñe un papel más amplio en la vida nacional. Pero, antes de apoyar eso, debemos hacer un par de reflexiones.

La primera es que la correlación entre variables no necesariamente implica causalidad entre ellas. Las salas de emergencia de los hospitales no necesariamente son sitios más peligrosos que, por ejemplo, los moteles sin registro de huéspedes, solo porque en las primeras se muere una mayor proporción de las personas que a ellas ingresan. Segunda, es un hecho que muchos de los países que hoy tienen un alto ingreso per cápita (Austria, Bélgica, Francia, Italia y EE. UU.) muestran tasas de crecimiento económico bajas, y que muchos que experimentan alto crecimiento (Singapur, Irlanda, India, Corea y, el campeón, China Continental) tienen cargas tributarias bajas. Esta observación permitiría llegar a una conclusión opuesta a la del primer párrafo: si lo que queremos es crecer a alta velocidad, para así bajar la pobreza, lo que deberíamos hacer es reducir la carga tributaria.

Más que un paquete tributario. A fin de cuentas lo que procede es racionalizar la política fiscal. En efecto, más que un simple paquete tributario, lo que procede estudiar en Costa Rica es una reforma fiscal que toque nivel y estructura no solo de los impuestos, sino también del gasto público, que no inhiba el crecimiento económico y que contribuya a reducir la pobreza que hoy afecta a una de cada cinco familias costarricenses. Por el lado de los impuestos, el desiderátum es que sean pocos, simples, de tarifas únicas y bajas, de amplia base (es decir, sin excepciones que minen la recaudación) y económicamente neutros. Los impuestos sobre las utilidades ("renta") y sobre las ventas ("valor agregado") serían los principales componentes de la estructura tributaria. Un esquema así no solo es compatible con un régimen de economía globalizada, sino que es fácil de administrar, no estimula la evasión, pero sí el crecimiento económico.

Sin embargo, ese esquema no permite hacer mucho por el lado de la redistribución de ingresos pues cada contribuyente casi pagaría en función directa de su ingreso o gasto. La labor redistributiva a cargo del Estado habrá que hacerla por el lado del gasto público.Habrá que tomar clara conciencia del "impacto" de los diferentes renglones de gasto. Estos deberían dirigirse al financiamiento de bienes públicos (por ejemplo: seguridad ciudadana, administración de la justicia, salud pública), meritorios (por ejemplo: educación básica), infraestructura y apoyo focalizado a los grupos de más bajos ingresos. El gasto del Gobierno Central costarricense deberá revisarse y modificarse pues hoy tiene demasiados elementos que no conforman ese ideal. Las grandes erogaciones del Ministerio de Hacienda en concepto de intereses sobre deuda, pensiones con cargo al presupuesto nacional y transferencias a universidades públicas, para nombrar unas pocas, no estimulan la producción ni favorecen a los pobres pues benefician a grupos que poseen ingresos superiores al promedio nacional.

¡Que oiga quien tenga oídos y que los pensadores piensen!

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