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Problemas fronterizos Armando González agonzalez@nacion.com Los roces fronterizos entre Montes de Oca y San José atrasan la reparación de un hueco que impide el tránsito por la calle que va de la rotonda de la Bandera al Banco Hipotecario de la Vivienda. Los josefinos no reclaman especiales derechos de navegación por la Quebrada Negritos, pero pretenden arreglar la vía sin mayor trámite, protocolo o reverencia. Montes de Oca no se deja vapulear y su alcaldesa reaccionó, con rapidez y decoro parroquial, para reivindicar los derechos cantonales sobre la mitad del hueco. Quienes no aprenden de la historia están condenados a repetirla, y en Montes de Oca muchos recuerdan que el hueco es consecuencia de obras mal ejecutadas, en la década de los noventa, por quienes hoy propician la invasión. Frente a la Policía Municipal capitalina, el gobierno Sampedrano carece de fuerzas armadas, pero lleva las de ganar. El hueco, por sí solo, garantiza que los josefinos no pasarán. Esa ventaja no impide a Montes de Oca comportarse de manera razonable. En lugar de emprender una resistencia numantina, la Alcaldesa abrió posibilidades de diálogo con su contraparte del cantón Central. El mensaje enviado al otro lado de la frontera señala, con inquebrantable firmeza, que el territorio de Montes de Oca "constituye una responsabilidad política y administrativa de esta Alcaldía". Hecha la reivindicación, la carta insinúa una salida diplomática: "Las municipalidades están autorizadas a celebrar convenios intermunicipales, a fin de colaborar solidariamente en la prestación de servicios y en la realización de obras de interés común...", dice la misiva dirigida al alto mando agresor. Montes de Oca dedica el resto de la carta a exponer sus sencillas exigencias: una propuesta técnica, un estudio ambiental, informes de lo sucedido con la obra fallida y varios otros requisitos fáciles de resolver en cuestión de meses. En el fondo, la carta de Montes de Oca es una oferta de paz con dignidad que San José no debe rechazar. Así, las dos municipalidades dejarán de hablar de mi charco y el tuyo para hablar del charco "nuestro". Los cantones cultivarán la hermandad y nunca asomará el espectro de un muro divisorio como el que se pretendió levantar en Zapote para que los festejos populares josefinos no fueran perturbados por Curridabat.
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