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"Soy choricerito, ¿y qué?" Juan Rafael Quesada C. Historiador Varios comentaristas de la realidad nacional han resaltado la ausencia de debate en torno a temas fundamentales en esta campaña electoral. Se citan los numerosos casos de corrupción en los que han estado involucrados personajes ligados a los partidos políticos que han gobernado al país en los últimos 30 años. En la anterior contienda, los candidatos que protagonizaron la segunda ronda afirmaban que sus partidos estaban invadidos por "cucarachas y ratas". Por desgracia, 4 años después, las cucarachas y las ratas no han sido "exterminadas". Al contrario, los males se han agravado. Así lo han evidenciado estudios sobre la corrupción en Latinoamérica y Costa Rica. En uno, para Transparencia Internacional, se señala que el 79% de los costarricenses sienten que en el país ha aumentado mucho o algo la corrupción en los últimos 3 años. Más aún, somos "punteros" en esa materia. Larga lista. Mientras el ciudadano percibe eso, en la actual justa electoral los debates han sido mínimos. No se ha discutido a fondo sobre los malos o ineptos manejos del dinero público, lo que, como es sabido, ha costado miles de millones a los costarricenses y ha incidido en el déficit fiscal y el aumento de la pobreza. Es obvio que a los "añejos" asuntos como el de Vesco, Saopin y Mc Alpin, se sumaron, a partir de la década de 1980, otros como los fraudes en los fondos de Emergencias, Aviación Civil, Asignaciones Familiares y el financiamiento ilegal de la campaña electoral anterior. Más recientes, los casos Fischel-CCSS, Alcatel-ICE, BANHVI, IMAS e IDA. Y la lista no termina. Pero, sobre todo esto se evita el debate, con el argumento pueril de que se es "pacífico" o que no hay que propiciar "shows mediáticos". Esa posición empobrece a la democracia, pues la actividad política electoral se reduce a simple propaganda, donde la agrupación que más recursos tiene "vende" su fórmula salvadora, igual que se promueve un jabón, un champú o un auto. Todo a ritmo de chinamo. Fibra electorera. Para contextualizar nuestra posición, consideramos imperativo recordar que un lema esencial de la campaña electoral de 1974, por parte de Liberación Nacional, fue "Alto a la corrupción". Pero, a la vez, se apelaba a la fibra electorera de nuestros compatriotas, al decirles, de manera efectista, que había que "votar a ganar". Curiosamente, poco más de una década después, niños costarricenses portaban, de manera desafiante, camisetas con los colores del mismo partido y con una leyenda que decía: "Soy choricerito, ¿y qué?". Probablemente, con eso se quería decir que lo único realmente importante era ganar. Entonces, en el 2006, ¿debería asombrar que no exista debate?
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