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Poder entendernos Una realidad medio misteriosa o que, por lo menos, no es ampliamente explicableCecilia Valverde Barrenechea Me gustaría saber por qué, cuándo y dónde se comenzó a usar la palabra "cultura" como sinónimo solo de "arte". Esto es, con exclusión de la ciencia, la filosofía, la tecnología y, en general, de todo lo que, además del arte, implica esa palabra. Una palabra cuyos auténticos sinónimos son saber, civilización, intelectualidad y, por supuesto, arte, pero no solo él. Los gobiernos, mediante el llamado Ministerio de Cultura, iniciaron ese extraño corte, que no puede entenderse en su sentido verdadero cuando nos negamos a reducir la cultura a solo un capítulo del pensar, del crear y del quehacer humano. Y no es que quienes usan el término, así truncado, niegan el auténtico sentido de la cultura. Sabemos que a la pregunta de si la ciencia, por ejemplo, es cultura, todos responderían que sí, por supuesto. Pero en seguida seguirán refiriéndose al Ministerio de Cultura como si ese nombre solo tuviera relación con el arte. Tal realidad parece ser medio misteriosa, o por lo menos no es ampliamente explicable, pero alguna explicación ha de tener aunque no se vea muy clara. Nace el interés. Tal vez, supongo, tuvo origen, no solo en Costa Rica, sino también en otras naciones, cuando era poca o ninguna la importancia oficial que se daba al arte hasta tiempos no muy lejanos, cuando los artistas no contaban con estímulos, o por lo menos con el interés general por su quehacer. Después, poco a poco o de pronto, tal interés fue apareciendo aquí, primero como subvenciones oficiales a la música sinfónica y al teatro profesional; después a las artes plásticas, patrocinando exposiciones e instalando museos. En seguida, con la fundación de casas editoriales y la creación de premios nacionales cada año. Por último, inevitablemente surgió el llamado Ministerio de Cultura, nombre con amplísimo sentido que no corresponde al sentido restrictivo que es el verdadero. Si se hubiera llamado Ministerio de Cultura Artística, no habría dudas porque no le sobraría nombre ni le faltaría apellido. Y así ocurre con los ministerios de Cultura referidos solo al arte: que oficialmente las naciones dan solo a una parte la denominación que corresponde al todo que abarca el hermoso y amplísimo nombre que incluye nada menos que el camino de la humanidad a través de la historia. Lo peor es que la limitación se va afianzando en las mentes de quienes crearon ese recorte y de sus seguidores, mientras se va transmitiendo a todos. Si hoy se les preguntara a los estudiantes de todos los niveles, qué es cultura, probablemente buena parte de ellos contestarían que es el desarrollo del arte. Y menciono a los estudiantes para suponer que quienes han pasado esa época sí acaten el gran error que implica un nombre con ampliación ficticia al suprimir un apellido que le es necesario.
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