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Un salto cualitativo En pos de recuperar el horizonte de un desarrollo humano en crecimientoIsabel Román Socióloga La aspiración de que el desarrollo humano fuera un horizonte cada vez más amplio para los costarricenses tuvo lugar preponderante en la agenda nacional en la década de 1940, cuando el país invirtió en políticas sociales universales que pretendían generalizar el acceso al bienestar y al desarrollo económico. Mediante políticas de seguridad social, salud, educación, saneamiento y vivienda, se construyó un "piso" básico y común de desarrollo humano para toda la población. Esas políticas se complementaron después con otros programas, como los de combate a la pobreza, para favorecer a los grupos más excluidos. Se atendía así un imperativo ético insoslayable, dado que, como señala Amartya Sen, la pobreza es un estado de existencia vergonzoso en la sociedad moderna e inaceptable desde cualquier punto de vista ético, frente al cual el Estado Bienestar está llamado a proveer de apoyos básicos para que nadie llegue a esa condición. Finalmente, se agregaron las políticas orientadas a redistribuir el ingreso, como, por ejemplo, la de salarios mínimos crecientes y la de distribución de tierras para el sector campesino, con el fin de reducir las brechas y favorecer la cohesión social. Crisis y recuperación. La evolución del país en los últimos 20 años muestra un período de crisis y recuperación del esfuerzo estatal por ofrecer servicios sociales estratégicos. Para la década de 1990, la evidencia recogida en el X informe Estado de la nación constata claramente que hubo empeño por fortalecer la inversión social -sobre todo en salud y educación- y que, gracias a ello, si bien no se alcanzaron los niveles de inversión per cápita de la década de 1970, se logró retomar un rumbo que pareció perderse en la de 1980. Esto influyó para que la concentración del ingreso no fuera mayor en la década de 1990. Es decir, la inversión social atenuó, aunque no detuvo, la tendencia a la concentración del ingreso que se viene observando desde 1997, y permitió al menos aliviar la situación de los más pobres, en especial por los efectos progresivos de los recursos destinados a salud y educación. El desempeño reciente en inversión social y sus resultados ponen al descubierto una serie de dilemas que hoy enfrenta el país, entre los cuales destaca la creciente brecha entre mayor demanda de la ciudadanía por mejores servicios sociales y menor capacidad de las instituciones para brindarlos, como claramente señala el informe. Esto sucede en un contexto en que al Estado se le hace cada vez más difícil realizar inversiones y el quehacer de las entidades públicas refleja persistentes problemas de recursos, eficiencia, dispersión y descoordinación. Costa Rica ha llegado al punto en que es impostergable dar un salto cualitativo en la capacidad de su Estado de Bienestar para ofrecer políticas y administrar servicios sociales que, como en el pasado, amplíen el horizonte de desarrollo humano. Los cambios en el perfil epidemiológico de la población, las tendencias demográficas, los requerimientos educativos de un entorno mundial de acelerado desarrollo tecnológico, así como las nuevas formas de convivencia que surgen de una sociedad cada vez más urbana y diversa, plantean grandes retos a las instituciones sociales, tanto para mantener los logros alcanzados como para atender las nuevas demandas del país en su conjunto y de los sectores más vulnerables en particular.
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