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Iglesia, música y espiritualidad Una atmósfera espiritual posibilitada por la música llenará nuevamente las iglesiasPatricia Rodríguez Hölkemeyer Cuando leía el artículo de don Fernando Durán Ayanegui, en esta página, titulado "Del canto gregoriano a Pärt", me asaltó nuevamente el sentimiento de pérdida que he experimentado desde que el Concilio Vaticano II, en aras de hacer más entendible la misa, eliminó la música sacra para sustituirla por un insulso canto vernáculo. No es sino hasta ahora, motivada por las reflexiones de don Fernando, cuando decido expresar ese doloroso sentimiento, con la débil esperanza de que la Iglesia Católica en Latinoamérica vuelva a comprender el valor de la música sacra, calificada, por el filósofo de la ciencia, K. Popper, refiriéndose a su evolución hacia la polifonía, como la realización más inaudita, original y verdaderamente milagrosa de nuestra civilización occidentaly que, según don Fernando Durán, de manera misteriosa consigue calar en la profundidad del espíritu, al que los grandes maestros saben llegar. Deseo hacer mías las palabras de Emile Cioran, filósofo que don Fernando considera arreligioso, quien luego de escuchar a Bach el Requiem de Mozart y, específicamente, después de haber asistido a una audición sobre el Mesías de Händel, se pregunta en uno de los múltiples escritos: ¿Cómo creer, después de semejante audición, que el universo carece de sentido? Y agrega que tanto el corazón como el entendimiento rehúsan admitir que una cosa tan sublime se resuelva en la nada. En un mundo donde la Iglesia tiene que vérselas con la concepción materialista del universo para la que solo es verdadero lo que se puede ver, ¿cómo es posible que haya suprimido lo que más podría abonar a su propia causa? El hombre de este siglo está ávido de espiritualidad; sin embargo, la Iglesia ha suprimido lo que puede dársela con la mayor efectividad.
Supermercado espirituoso. La Iglesia se preocupa de que en este momento la gente está recurriendo al material pseudorreligioso y relativista, que actualmente se vende en lo que el filósofo español J. A. Marina ha llamado el supermercado espirituoso bien surtido, donde cada cual puede buscar la receta apropiada para su bienestar psicológico. Sin embargo, ¿no pecó también la Iglesia al reformar la liturgia (sobre todo para Latinoamérica), de seducir al católico mediante una mercadotecnia similar, al suprimir lo solemne para introducir lo que, según un cálculo superficial, se ajustaba mejor a lo que supuestamente la gente buscaba en ese momento. No es cierto que la música en latín no es entendida por la gente. Su poder no está en las palabras. El hombre ha generado obras de gran belleza que le muestran al ser humano la grandeza de Dios. Dichas obras necesitaron mucha historia y esfuerzo para emerger en la conciencia de quienes las crearon. La universalidad de esas formas musicales se ha puesto de manifiesto al ser grandemente apreciadas por los costarricenses cada vez que se organiza una presentación de música sacra en las iglesias, sobre todo en las zonas rurales, pues logran calar, como dice Durán, en la profundidad de sus espíritus. Las iglesias se llenan en esas actividades al mismo tiempo que se vacían los domingos. Al respecto, el cardenal Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI, ha expresado, en The Spirit of Liturgy, que la música utilizada actualmente en las iglesias cristianas, sobre todo cuando recurren a una música estilo rock, apela más a los sentidos que al espíritu. Víctima del engaño. Se puede apreciar que la gente sale de las iglesias (católicas, protestantes y "cristianas") todavía insatisfecha y deseosa de alcanzar el mundo de lo espiritual, pero muchas veces no sabe cómo buscarlo y con frecuencia es víctima del engaño en el bazar prêt à porter de esa mercadotecnia espirituosa. Benedicto XVI y Karl Popper sostienen que la música de Bach, de Mozart, de Händel, refleja la armonía de las leyes cósmicas. Al respecto ha dicho Ratzinger: ".es la trama cósmica que le concede el arte a la liturgia, lo que provee su medida y alcance. Una creatividad meramente subjetiva no concuerda con el rango de acción cósmica ni con el mensaje de su belleza. Cuando el hombre se conforma a la medida del universo, su libertad no es disminuida, sino expandida hacia nuevos horizontes"..."Trátese de Bach o de Mozart -agrega- tenemos una apreciación, en ambos casos, de lo que gloria Dei, la gloria de Dios, significa". Espero que algún día la Iglesia permita de nuevo, como ya lo hace en Europa y Estados Unidos, que en la santa misa se produzcan los estados de beatitud y de gozo que genera en el oyente esa música grandiosa (hoy la tecnología lo permite) y que no tengamos que resignarnos a escucharla, desvinculada de su sentido original religioso, en algunos escasos eventos musicales o en medio de las rutinas diarias en la Radio Universidad, a la que don Fernando hace justo reconocimiento en el artículo. También apuesto a que una auténtica atmósfera espiritual, posibilitada por el arte de la música, llenará de nuevo las iglesias.
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