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¿Para qué debatir? Mauricio Martínez S. mmartinez@nacion.com En esta campaña electoral, al contrario de otras recientes, la urgencia de un debate entre los principales candidatos ha cobrado una curiosa relevancia. ¿Por qué? Porque hay un aspirante que supera a sus cuatro inmediatos seguidores al menos por 25 puntos porcentuales. Óscar Arias no quiere arriesgarse y los demás quieren pellizcar la posibilidad de una segunda ronda en abril. Esa es la única y pura verdad. Resulta difícil, por no decir imposible, que en el campo político, a estas alturas del juego, haya un viraje de 180 grados. Lo único sería un imponderable de salud. Según los últimos estudios de opinión, los perseguidores de Arias tienen un techo y, hasta el momento, el expresidente, sus credenciales y su comando de campaña están capitalizando con acierto y pies de plomo una ventaja importante. Por la forma como son concebidos, mucho show y escaso tiempo para profundizar en temas capitales, los debates televisivos o radiales no pesan mayormente en la intención de voto de los ciudadanos. Esas discusiones ya no son atractivas, salvo, quizás, por los intercambios pirotécnicos entre algunos rivales. Y lo es porque los mismos medios de comunicación se han encargado de exaltar el fuego cruzado (cuantas más chispas, mejor). El gran electorado, que en reiteradas encuestas se ha mostrado disconforme con la clase política, difícilmente saca dos horas para ver o escuchar un debate entre aspirantes presidenciales. ¿Quién va a creer en políticos que una vez cada cuatro años salen bailando -bueno, o al menos eso parece- entre el pueblo? ¿Qué credibilidad tienen quienes, también cada cuatro años, aparecen recogiendo basura, jineteando una yegua prestada en Palmares o conversando con potenciales votantes en los parques? Los postulantes presidenciales y los medios de comunicación se han encargado de que los ciudadanos perdamos interés en los debates. Hoy, más que un ring, se requiere una forma diferente de hacer periodismo en las campañas políticas. La investigación sobre antecedentes e inversiones personales, la elaboración de "perfiles" críticos y de entrevistas puntuales, bien fundamentadas, son una necesidad que muchos agradeceremos en estos días. ¿Para qué debatir?
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