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El especialista: Flexibilidad cambiaria Wílliam Calvo Director división Banco Central Desde la óptica del Banco Central de Costa Rica, el sistema de minidevaluaciones que ha mantenido el país a lo largo de estos últimos 20 años llegó al final de su ciclo. Si bien fue de mucha utilidad en un período en que el logro de la estabilidad externa y la promoción de exportaciones eran una prioridad, en los últimos años ese esquema, conjuntamente con mayores flujos de capitales a los países emergentes, impidió una mayor efectividad de la política monetaria para enfrentar choques externos y combatir la inflación, lo cual debe ser el principal objetivo de los bancos centrales modernos. Estudios del Fondo Monetario Internacional, entre otros, sobre la evolución y el desempeño de los regímenes cambiarios a través del mundo muestran que una gran mayoría de países han abandonado los sistemas cambiarios de tipo de cambio fijo o de deslizamiento, y han adoptado regímenes más flexibles. Los mismos estudios muestran que la transición hacia un tipo de cambio más flexible en la mayoría de los casos ha sido desordenada pues se ha planteado como una "cláusula de salida" a crisis cambiarias y fuertes desequilibrios macroeconómicos. Por el contrario, aquellos países que decidieron moverse de manera ordenada y gradual hacia regímenes de mayor flexibilidad cambiaria han sido más exitosos en cuanto a estabilidad. Entre los países que lo hicieron de esta última forma y han sido exitosos se encuentran Chile y Polonia, los cuales primero migraron de un sistema de minidevaluaciones hacia bandas cambiarias, y posteriormente hacia una flotación del tipo de cambio. El abandono del tipo de cambio como el ancla nominal de la economía es, posiblemente, uno de los mayores retos que enfrentan las autoridades económicas en la actual coyuntura macroeconómica pues se requiere establecer una nueva ancla y un nuevo marco de política monetaria. La decisión de pasar de abandonar el actual régimen cambiario de minidevaluaciones y migrar a otro de mayor flexibilidad no es fácil. La literatura económica llama a este fenómeno "miedo a flotar", dado que aún países que anuncian la libre flotación del tipo de cambio, en la práctica no lo hacen. La aversión a flotar puede tener varias razones: preocupación por la credibilidad, miedo a una apreciación del tipo de cambio (pérdida de competitividad), y efectos negativos sobre la hoja de balance de bancos y empresas en caso de alta dolarización. Sin embargo, el "aprender a flotar" se puede lograr mediante un esquema monetario y financiero fuerte y en el que la estabilidad de precios sea el principal objetivo del banco central. Ese marco sería el denominado "metas de inflación" y la nueva ancla nominal las expectativas de inflación.
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