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Discrepancias sobre plan para flexibilizar el sistema cambiario PAC y algunos economistas creen que lo primero es resolver lo fiscalLibertarios y expresidente del Banco opinan que no hay que esperar Patricia Leitón pleiton@nacion.com La idea que analiza el Banco Central de abandonar el sistema de minidevaluaciones para ir hacia un sistema más flexible genera polémica entre partidos, expresidentes de la entidad y analistas. En mayo del 2005 el actual presidente del Banco Central, Francisco de Paula Gutiérrez, destacó la necesidad de un cambio, con el argumento de que el actual sistema de minidevaluaciones está agotado.
El Banco se ha mantenido a la espera de la reforma fiscal que ve el Congreso pues con los recursos que aportaría se podría atender el problema de las pérdidas de la entidad, considerado la principal causa de la inflación. No obstante, ante el atascamiento de la reforma en la Asamblea y el auge de la inflación, surge el debate acerca de si debería hacerlo aun con pérdidas.
No se debe. Ottón Solís, candidato presidencial del Partido Acción Ciudadana (PAC), considera que en una economía pequeña y con cuenta de capitales abierta (ingreso de divisas sin restricciones) es peligroso un tipo de cambio flexible, porque las variaciones podrían responder a movimientos especulativos de capital y no a cambios en competitividad. Solís propone balancear las finanzas públicas, lo que daría "un tipo de cambio estable". Rodrigo Bolaños, expresidente del Banco Central, también cuestiona que se dé el paso sin resolver el problema de las pérdidas. "No es tan evidente que se deba hacer el cambio", dijo. Argumentó que si uno de los problemas de las minidevaluaciones es que los empresarios incluyen la devaluación en sus precios y con eso afectan la inflación, la situación también podría darse con un sistema flexible. Tal vez. El economista y profesor Félix Delgado también coincidió en que "todo pasa por solucionar las pérdidas"; no obstante, señaló que antes de eso se podría caminar en forma gradual hacia un sistema cambiario más flexible. El banquero Gerardo Corrales, gerente de BAC San José, apoyó la flexibilización a mediano plazo, pero expresó su preocupación porque el mercado cambiario tiene "grandes jugadores" que podrían apostar en forma especulativa. En Liberación Nacional, el economista Guillermo Zuñiga señaló que estarían dispuestos a estudiar la flexibilización del sistema cambiario cuando llegue el momento, pero no en forma aislada, sino como parte de la política económica, que incluye atender las pérdidas del Banco Central. Sí se debe. En el otro extremo está el candidato del Movimiento Libertario, Otto Guevara, quien considera que el país debe dar el paso, aun sin la reforma fiscal. También Jorge Guardia, expresidente del Banco Central, tiene el criterio de que el Banco debe migrar hacia un sistema más flexible, aun sin la reforma fiscal. Argumentó que la responsabilidad del Banco es controlar la inflación y, si el sistema flexible contribuye, debe aplicarlo.
Marcha atrás en 1992 La última vez que Costa Rica decidió flexibilizar su sistema cambiario fue en 1992, como parte de un grupo de reformas que impulsó Jorge Guardia, quien era presidente del Banco Central. Dos de las variantes más importantes de ese año fueron la eliminación de las restricciones que existían para comprar y vender dólares en el país y el cambio del sistema de minidevaluaciones por un mecanismo mediante el cual sería el mercado el que definiría el tipo de cambio del dólar. El economista Félix Delgado relata en su libro La política monetaria en Costa Rica, 50 años del Banco Central que las medidas provocaron un masivo ingreso de capitales debido a que mejoró la confianza de los inversionistas. Esos capitales se sumaron a los que ingresaban por exportaciones y turismo. Bajó precio del dólar. Al mismo tiempo, la entrada de divisas generó un exceso de oferta que abarató el precio de los dólares en colones. El tipo de cambio para la venta pasó de ¢138,57 por dólar a finales de febrero de 1992 a ¢123,62 a finales de junio de ese año, según señala el libro citado. La apreciación del colón generó problemas a los exportadores pues sus precios se volvieron relativamente más altos a los ojos de los extranjeros, lo que implica que el país perdió competitividad y, por otro lado, fomentó las importaciones. Por ello las autoridades combatieron la apreciación del colón con diversas medidas, entre ellas la suspensión de la flotación y la aplicación de un sistema de ajustes al tipo de cambio periódicos no anunciados, a partir de agosto de 1992. Según Delgado, no hay clara evidencia documental del momento en el que se regresó al sistema de minidevaluaciones, que se mantiene hasta hoy. Pero en el sistema de minidevaluaciones que quedó tras ese intento, el Banco Central dejó de fijar el tipo de cambio y estableció un mecanismo llamado "mercado organizado" de negociación de divisas, que se aplica en la actualidad.
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