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Foto Principal: 927866
/LA NACIÓN

Sin afecto popular

La democracia no es el gobierno de unos pocos para unos pocos, sino el gobierno del pueblo

Luis Carlos Ramírez Zamora
diabetescr@yahoo.com


Quien alcance el sillón presidencial no contará con el afecto popular. En nuestra sociedad abierta, los ciudadanos tenemos mucha información como para guardar afecto a los aspirantes a la presidencia.

Percibimos que casi todos los candidatos en mayor o menor grado son responsables del actual estado de cosas. Algunos son veteranos jugadores de la política nacional, constructores y beneficiarios de un estado de cosas repudiado por la mayoría. Otros, los de ligas menores, son vistos con desgano y suspicacia porque el pueblo inteligente se pregunta de dónde sacan recursos si su apoyo popular es mínimo o nulo.

Además, en la confusión en que nos encontramos, la intrascendencia electoral es vista como desperdicio de tiempo y recursos.

Foto Flotante: 1160005

La democracia no es el gobierno de unos pocos para unos pocos. Es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, y se fundamenta en el consentimiento condicionado que los gobernados otorgan periódicamente al gobernante. Una vez en el poder, el gobernante y su equipo deben hacerse acreedores de ese vital consentimiento. Gobernar sin el apoyo y afecto popular, sin el respaldo de la opinión pública, puede resultar una experiencia personal y política muy gravosa. El afecto popular es la expresión anímica de la mayoría en un momento dado. El gobernante sin apoyo popular, para evitar las silbatinas, corre el peligro de ceder a la tentación de refugiarse en palacio y rodearse de sus acólitos que solo le dicen lo que quiere oír. Es comprensible.

¿A quién le gusta escuchar o ver de cerca los truenos y relámpagos de las tormentas ? Si se encierra en su torre de marfil, puede terminar divorciado de la realidad. Esta peligrosa condición conduciría a un autismo político que engendra intrigas internas, insurrección ciudadana, ingobernabilidad y fragilidad republicana.

En las últimas tres décadas, el pueblo ha sufrido tanto engaño y la información de cada desfalco público es tan prolija, que el corazón de la nación se desamorizó de los políticos. Nos pasó lo que a la mujer constantemente agredida que, al fin, entró en razón.

Por eso, el próximo Presidente será elegido sin un mandato claro. Esto es bueno que lo comprenda para evitar dolorosas consecuencias.

Solo logrará la confianza y el afecto popular y la fuerza imprescindible para conducirnos si pone orden en casa, habla claro y gobierna para el beneficio de las mayorías y no de pocos. Hay valores sagrados para los costarricenses, como la educación pública y la libertad de expresión. Si los fertiliza, va por buen camino. Hay instituciones sagradas para los costarricenses, como la CCSS y el ICE. Si las fortalece, se ganará el afecto; si las debilita, cosechará tempestades. Ojalá lo tenga claro.

Sobre todo deberá reconquistar el corazón de la nación con las herramientas de la seriedad, la transparencia y la rendición de cuentas. Su lema debe ser informar, convencer e inspirar. Nada de cartas bajo la mesa ni dados cargados. La sociedad hoy es muy abierta, y los costarricenses, muy perspicaces como para no percatarse de ello.

El pueblo está empobrecido, cansado, desencantado y muy molesto. Ha sido muy paciente y lo sigue siendo, pero todo tiene un límite. ¡Qué importante es que el próximo Presidente entienda que llegará al sillón presidencial sin el afecto de los costarricenses!

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