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Ojalá fuera 9 de mayo Armando Mayorga amayorga@nacion.com Soy de aquellos a los que la campaña electoral y este Gobierno los tiene hartos... Hace unos días deseaba amanecer en el lunes 6 de febrero, ya con presidente y diputados electos, pero hoy sueño despertar en 9 de mayo, con nuevo mandatario en funciones, para pasar al archivo a Abel Pacheco y a los 57 diputados que hoy nos desgobiernan. A él porque confundió gobernar con "chistear". A los congresistas porque confundieron legislar con pelear. Don Abel y los diputados son culpables de ese hartazgo con que muchos vemos a los 14 candidatos presidenciales, a los cientos de aspirantes a diputados... El Presidente y los parlamentarios fueron más de lo mismo, aunque hace cuatro años ilusionaron al electorado con un viraje en la forma de hacer gobierno. Promesas al viento. En aquel ambiente que vivíamos en el 2002, muchos creímos que una Asamblea Legislativa fragmentada era una solución. Lo fue como ensayo democrático, como un intento de transparencia, pero acabó en un fracaso en la producción legislativa. Estos cuatro años hemos observado un Congreso que no camina, trabado en discusiones eternas, en desacuerdos ridículos y en alianzas de minutos u horas para conseguir beneficios personales y de partidos, nunca el interés nacional. Entonces, la diferencia en calidad de una Asamblea bipartidista y otra multipartidista fue nula. El multipartidismo cayó en los yerros del bipartidismo. Quizás ello explica por qué más de la mitad de electores desistiremos de quebrar el voto esta vez, con la esperanza de que un presidente con mayoría en el Congreso pueda gobernar mejor. Si a eso el elegido le suma negociación de la buena con todos los diputados -lo cual Pacheco nunca aprendió a hacer-, tendremos una Asamblea Legislativa sin la parálisis de la actual. Menos democrática, sí, menos transparente, quizás, pero ese será el "costo de oportunidad" que deberemos pagar. Una vez más, este 5 de febrero todo son esperanzas de cambio. En eso consiste la decisión de votar, de poder elegir a los "menos peores" porque, ahora, al igual que en la pasada elección, los ticos estamos en la misma situación: escoger al menos peor. Pero abstenernos de votar será peor porque los "más peores" ganarán, entonces, el poder de decisión. Y será peor. Sobra decirlo: ojalá hoy estuviéramos amaneciendo en martes 9 de mayo...
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