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De bancos y gente pobre Las instituciones financieras han puesto atención a un mercado potencialmente lucrativoRicardo Monge González En un reciente artículo de la revista The Economist se describe cómo los bancos internacionales están incursionando en la prestación de servicios financieros a los pobres de los países en vías de desarrollo: un negocio conocido como "microfinanzas". Este artículo me hizo meditar sobre un interesante y osado proyecto del Banco Nacional de Costa Rica (BNCR), el que en el 2000 culminó con la creación del programa BN-Desarrollo. Un programa mediante el que las autoridades del Banco decidieron incursionar en las microfinanzas, utilizando una tecnología crediticia totalmente diferente de la utilizada en su banca comercial tradicional. Desde su creación, la misión de este programa consistió en facilitar a las microempresas, pequeñas y medianas empresas costarricenses (pymes) el acceso a los diversos servicios financieros que ofrece un intermediario formal a sus clientes tradicionales. Visión estratégica. La justificación del programa fue simple: el BNCR había ignorado hasta ese momento a un inmenso número de personas o empresas que tenían muy poco dinero, pero que representaban un mercado potencialmente lucrativo. Una idea que comparten cada día más los bancos grandes alrededor del mundo, tal y como describe el artículo de The Economist. La visión estratégica de BN-Desarrollo consistió en consolidarse como un programa autosostenible, rentable y eficiente que, manteniendo una cartera sana y utilizando mecanismos innovadores, orientara sus esfuerzos a canalizar oportuna y eficientemente créditos y otros servicios financieros a empresarios con capacidad y potencialidad para lograr mejores niveles de eficiencia y competitividad. En el diseño e implementación se rechazaron planteamientos populistas, como tasas de interés subsidiadas, ya que todos atentaban contra la estabilidad financiera del propio BNCR. De vital importancia fue el deseo explícito de las autoridades del Banco en promover, mediante el ejemplo exitoso de BN-Desarrollo, el acceso de las pymes costarricenses a servicios financieros suministrados por los otros bancos comerciales, tanto públicos como privados, que operan en el país. Esa meta que se ha alcanzado, como evidencia el interés expreso del Banco Crédito Agrícola de Cartago en alianza con el Banco de Costa Rica en este campo, así como la participación del Banco Improsa y del Banco Interfin, en brindar ciertos servicios financieros a este nicho de mercado. Y no es para menos. La cartera crediticia de BN-Desarrollo ha crecido un 30 por ciento por año, en términos reales (descontada la inflación), desde su creación (i. e., entre 2000 y 2005). De hecho, a noviembre del 2005, el programa había colocado más de ¢130.000 millones, entre pymes agropecuarias, manufactureras y servicios. Especial interés se ha puesto en el financiamiento de empresas dirigidas por mujeres, donde poco menos de ¢20.000 millones se ha prestado a este tipo de empresarias. Además, la cartera de BN-Desarrollo muestra morosidad muy baja, incluso inferior a la registrada en los créditos a empresas de mayor tamaño, según cifras de la SUGEF. Claro, el BNCR posee ciertas ventajas para la implementación de un programa como el descrito. Por ejemplo, contar con más de 135 sucursales en el país y disponer de un equipo de más de 200 ejecutivos que visitan a los clientes en los lugares de trabajo. Se agrega a lo anterior una tecnología intensiva en el uso de recurso humano calificado, cuyo costo es posible de absorber, sin aumentar significativamente las tasas de interés o los precios de los demás servicios financieros, gracias a economías de escala y ámbito con que cuenta esta institución. Ahora bien, no obstante el excelente trabajo de los funcionarios de BN-Desarrollo, sus posibilidades y las de otros intermediarios financieros de llegar a más clientes se ven limitadas por la existencia de tres problemas que aquejan al país: el tamaño de la deuda interna, la existencia de déficit fiscales recurrentes y una de las tasas de inflación más altas de Latinoamérica. Estos tres problemas determinan, en buena medida, el nivel de la tasa de interés a que deben captar y prestar los bancos que operan en el país. Por ello, de cara a las próximas elecciones y como corolario de este artículo, me atrevería a decir que el aporte de la banca en prestar servicios financieros a las pymes, ya se inició, y con relativo éxito, en Costa Rica. El reto para que se logren los mejores resultados de estos esfuerzos dependerá de la competencia entre los mismos bancos, pero también de las políticas y reformas que en materia fiscal y monetaria adopten las futuras autoridades.
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