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Ahogar el mal en bien Si se ama al prójimo, vendrá la solidaridad humana y social, y, con ella, el progreso y la paz progreso y la pazEnrique Vargas Soto Ahogar el mal en abundancia de bien puede ser un buen propósito para el 2006. El país necesita del bien como de un faro que irradie su luz sobre todas las actividades humanas. Y como el bien es difusivo, se convierte en un vehículo recuperador de la confianza en las relaciones de los hombres, deseosas de inclinarse a la verdad, la fraternidad y la comprensión. El bien -lo sabemos- posibilita el crecimiento y la maduración de la persona y abre el camino a una convivencia asentada en la libertad y la justicia. Y si, primordialmente, se ama al prójimo, vendrá la solidaridad, humana y social, indispensable para el progreso y la paz. Costa Rica necesita la alegría profunda de vivir, y, para eso, conviene siempre "ahogar el mal en abundancia de bien". Se trata de una conquista personal. Ser persona es conquistarse a sí mismo. Esta lucha implica imponerse metas, ejecutarlas y después evaluar sus frutos. Algunas de estas metas podrían ser: k Visión positiva de las cosas, hasta alcanzar una nueva pulsación vital. k Búsqueda de ideales nobles y perseverar en su consecución. k Que prevalezca en cada persona lo invisible sobre lo visible, como el amor, el pensamiento, la voluntad, la verdad, la libertad, la justicia, la humildad, la comprensión, la generosidad, la flexibilidad... Porque lo invisible estructura al hombre internamente y lo hace ser persona. k Concentrarse en el cumplimiento de los deberes cotidianos: "Haz lo que debes y está en lo que haces". k No cifrar la vida en el éxito material o profesional ni en la acumulación de riquezas. k Respetar la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, por el hecho de ser el individuo persona y no simple sujeto de derechos humanos. k Ser constructores de paz. k No desechar valores para sustituirlos por contravalores, como hizo Nietzsche en su tiempo; su filosofía alentó la Segunda Guerra Mundial. Ejemplo de contravalores: materialismo, consumismo, hedonismo o placer, permisivismo moral, libertad sin límites y divorciada de la verdad, ateísmo práctico, consistente en vivir como si Dios no existiera. k En este año electoral elegir al candidato que induzca a hacer. k No despreciar a nadie ("Todo hombre es mi hermano"). k Amar y respetar la naturaleza. k Dominar el mal humor. k Combatir al hombre animal que todos llevamos dentro a fin de que prime el hombre espiritual; así seremos más humanos. k En las relaciones conyugales y en las de padres-hijos convencer, no vencer, dar siempre razones y cariño, crear un ambiente de seguridad y confianza. La familia pide autoridad de servicio, no de imperio. k Hacer del amor conyugal un bien permanente y no un amor infiel y pasajero. "Permaneced en mi amor", dice Cristo. Amar así, con un corazón como el suyo. Él es el modelo. k Aprovechar el tiempo: fomentar la buena lectura, estudiar idiomas, hacer deporte, caminar, escuchar también música clásica. k Pensar en la muerte con esperanza eterna. Recordar que el alma, por ser inmaterial, no se destruye como el cuerpo y anhela el "triunfo final" y el comienzo de una nueva vida. Dice un poeta, no sin cierta desesperanza, que "La muerte acecha. Cuenta las horas, gota a gota" (José Hierro). k Disminuir la ingestión de licor y la velocidad al manejar. k No evadir con drogas la riqueza inagotable y trascendente de la realidad. En verdad, solo la persona humana está llamada a "ahogar el mal en abundancia de bien". Y, como la vida es toma de decisiones, en todo momento este lema nos ayudará a conquistar y a ser mejores.
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